En Santander tenemos clara la importancia del agua y por eso la cuidamos. Es hora de que, entre todos, unamos esfuerzos para garantizar que esta agenda se cumpla y que, cuando lleguen los recursos, no se pierdan ni se malgasten.
Esta semana, en el marco del congreso de Andesco, reflexionamos sobre la importancia de los servicios públicos para el desarrollo de los territorios, la disminución de la pobreza y, en general, la mejora en la calidad de vida de las personas. Como es usual, me concentraré en el agua; elemento fundamental para nuestra existencia.
Existen tres momentos en los que nuestras acciones tienen una influencia directa en el ciclo del agua: cuando la captamos, cuando la usamos y cuando la devolvemos a las fuentes hídricas. En el caso de la captación, nuestro rol es proteger las fuentes, asegurando su estabilidad y generando condiciones que permitan mantenerlas limpias y productivas. Suena sencillo, pero aún nos falta mucho por hacer.
El uso y el vertimiento es, en mi opinión, donde tenemos la mayor responsabilidad. Usamos el agua para producir alimentos, para bañarnos, para cocinar e, incluso, usamos el agua potable para conducir nuestros desechos nuevamente a los ríos.
Garantizar el acceso al agua potable y al saneamiento básico no es solo una frase bonita; es una necesidad de la humanidad. Hacerlo, requiere de grandes inversiones en infraestructura y es aquí donde nos enfrentamos con la principal dificultad. Los municipios no cuentan con los recursos suficientes para el desarrollo de las obras, ni con el personal técnico para estructurar los proyectos y presentarlos al Gobierno Nacional.
Los recursos nacionales no llegan a las regiones y, cuando llegan, terminan engrosando la interminable lista de obras inconclusas como ocurre en Santander con Los Santos, Vélez, Landázuri, Lebrija y Barichara, por mencionar algunos.
La ausencia de un jugador regional que sea eficiente y que garantice la cantidad, calidad y continuidad en la prestación del servicio es otra de las limitantes. No es posible que pretendamos ser eficientes cuando en el departamento tenemos más prestadores que municipios. Las cuentas simplemente no dan.
Necesitamos con urgencia definir una agenda estratégica del agua que nos permita identificar los proyectos más importantes, hacer seguimiento a su ejecución (desde el diseño hasta la puesta en funcionamiento), articular los esfuerzos entre el sector público y el privado, y crear un canal de comunicación directo y oportuno entre las regiones y los actores del orden nacional.
En Santander tenemos clara la importancia del agua y por eso la cuidamos. Es hora de que, entre todos, unamos esfuerzos para garantizar que esta agenda se cumpla y que, cuando lleguen los recursos, no se pierdan ni se malgasten.










