No hay poder más valioso para una democracia que una prensa libre, crítica e independiente. En Colombia, ha sido la prensa —no los gobiernos, ni los partidos, ni los órganos de control— la que ha alzado la voz frente a los peores capítulos de nuestra historia. Desde el cartel de Medellín, pasando por el proceso 8.000, la zona de distensión, la parapolítica, los falsos positivos, Odebrecht y Centros Poblados, han sido periodistas valientes quienes sacaron la verdad a la luz, muchas veces arriesgando sus vidas y enfrentando a los poderes más oscuros del país.
Por eso se le llama el cuarto poder: porque es la única que vigila a los otros tres. Está para incomodar, denunciar y cuestionar al poder cuando olvida sus límites. No es complaciente, ni debe serlo. Por eso incomoda. Por eso es esencial.
Hoy el presidente Gustavo Petro, quien antes celebraba a la prensa cuando era oposición, parece haber olvidado esa defensa. Ahora, desde el poder, la prensa le resulta molesta y peligrosa. En vez de respetarla, la señala. En vez de escucharla, la acusa. En vez de responder con argumentos, responde con ataques.

Presidente, hay líneas que no se cruzan. La prensa no es el enemigo. Es la garantía. Y cuando un jefe de Estado lanza dardos envenenados contra medios, editoriales o periodistas, abre la puerta a que los intolerantes o violentos actúen.
No es retórica. La historia ya nos dio un ejemplo atroz. Pablo Escobar, poco antes de ordenar el asesinato de Guillermo Cano, también acusó a la prensa de estar parcializada y de atacar su proyecto político. Las palabras se convirtieron en balas. Y las balas, en muerte.
Recientemente vimos lo que puede pasar. Un político de oposición fue víctima de un atentado y sigue luchando por su vida. Si el poder sigue estigmatizando a quienes denuncian e investigan, lo que viene puede ser peor. No podemos acostumbrarnos a un país donde decir la verdad pone en riesgo la vida, donde se persigue a los periodistas y se atropella la libertad.

Presidente Petro: usted juró respetar la Constitución. Eso incluye la libertad de prensa. No olvide que muchos de los periodistas que hoy lo critican fueron los mismos que antes lo defendieron, no por afinidad ideológica, sino por respeto a la verdad y al oficio.
Mi solidaridad con los medios. A los periodistas: sigan firmes. No se callen. No se arrodillen. No se dejen doblegar ni por el miedo ni por el poder.
Defender a la prensa es defender a Colombia. Es proteger el derecho a disentir, a fiscalizar y a no ser gobernados desde el miedo.
Sin prensa libre, la verdad muere. Y cuando muere la verdad, lo que nace es la tiranía.











