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Horacio José Serpa
Sábado 05 de julio de 2025 - 01:00 AM

¿Quién gobierna aquí?

Ninguna política pública se consolida bajo esas condiciones. Las instituciones necesitan continuidad, liderazgo y capacidad técnica sostenida.

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La inestabilidad es, a estas alturas, el sello distintivo del gobierno Petro. En menos de dos años, más de 40 ministros han pasado por su gabinete. Se prometió “el cambio”, pero lo único que ha cambiado —de forma constante y alarmante— es el equipo de gobierno. Cada nuevo funcionario llega, intenta entender lo que hay, comienza su curva de aprendizaje y antes de consolidar una línea de trabajo, ya está fuera. Así no se puede gobernar. Así no se puede transformar nada.

Ninguna política pública se consolida bajo esas condiciones. Las instituciones necesitan continuidad, liderazgo y capacidad técnica sostenida. Lo que estamos viendo es lo contrario: improvisación, interinidad y ausencia de norte. La falta de estabilidad no solo afecta a los ministerios, sino a todo el aparato estatal. Es una cadena de bloqueos que impide ejecutar proyectos, retrasa decisiones y frena la respuesta a las necesidades ciudadanas más urgentes. Mientras el Gobierno rota funcionarios como si fueran fichas de ajedrez, los problemas reales del país siguen ahí: creciendo, profundizándose, agravándose. La incertidumbre institucional se siente en todos los niveles del Estado.

La reciente salida de Laura Sarabia, quizás la persona de mayor confianza del presidente, es solo el último síntoma. Esta vez, el detonante fue la crisis provocada por el contrato de los pasaportes. Un tema que debió manejarse con discreción, visión de Estado y criterio técnico, pero que terminó convertido en un escándalo político y jurídico. El resultado: miles de colombianos sin pasaporte, caos en las sedes de la Cancillería, y una ministra más que se va. Pero más allá del episodio puntual, preocupa el patrón: decisiones erráticas, crisis innecesarias y consecuencias administrativas que recaen, como siempre, en la gente del común.

No se puede gobernar bien en medio del caos. No hay margen para más errores. La curva de aprendizaje se agotó. Ya no es tiempo de excusas, ni de echar culpas. Un país como Colombia necesita instituciones fuertes, decisiones coherentes y equipos estables. Hoy no hay nada de eso. Todo parece provisional, improvisado y precario. Y eso debilita la confianza pública, deteriora la gobernabilidad y erosiona la legitimidad del Ejecutivo.

No es sano tanto cambio. No es sano tanto ruido interno. No es sano que el país viva con la sensación de que el gobierno está en modo ensayo. Gobernar no es resistir, ni confrontar por sistema. Gobernar es escuchar, coordinar, ejecutar y dar resultados. Y eso no se logra a punta de discursos ni de trinos.

Colombia no puede seguir siendo el campo de batalla de las tensiones internas del petrismo. La ciudadanía espera liderazgo real. Espera resultados, no rotaciones. Espera gobierno. Y ese, por ahora, sigue siendo el gran ausente.

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