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José Félix Lafaurie
Domingo 09 de junio de 2013 - 12:01 AM

¿A qué jugamos?

Publicado por: Jose Félix Lafaurie

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Durante la guerra fría el comunismo internacional jugó siempre a lo mismo: arrogancia palabrera, amenaza militar y recule diplomático. Kruschev no ahorró epítetos contra el imperialismo y se atrevió con los misiles en Cuba, para luego abrazarse con Kennedy.

Es la estrategia del irrespeto. Chávez la utilizó y Maduro ha resultado alumno aplicado de su predecesor.

Las sobreactuadas reacciones por la visita de Capriles y la vinculación de Colombia a la OTAN, son una versión de ese juego político, en el cual Colombia no es un actor ingenuo sino otro jugador con intereses calculados.

¿Cómo juega Maduro? Frente a una situación crítica en lo económico e inestable en lo político por las fisuras en el chavismo, agita el anticolombianismo acusando a Santos de traición y lanzando infundios de envenenamientos a lo Borgia. La amenaza: amén de la latente ruptura de relaciones, la de retirar el apoyo a las negociaciones con las Farc.

¿Cómo juegan las Farc? Mermadas militarmente, pero arrogantes, atienden la instrucción del Foro de Sao Paulo -una instancia supérstite del comunismo internacional- según la cual, hoy es más fácil hacerse al poder con las urnas que con las armas. Para ello cuentan con el socialismo bolivariano y la Unasur, con enclaves en Centroamérica, presencia en el sur y enlaces internacionales con el común denominador del odio a Estados Unidos y el desprecio por la democracia. La amenaza: si no se firma la paz para que puedan acceder a la lucha política con las ventajas que esperan conseguir, continuarán con su actividad narcoterrorista.

¿Y a qué juega Colombia? ¿Para qué recibir a Capriles y darle bombo a una limitada asociación con el símbolo militar del imperio? No son decisiones ingenuas. ¿Será que Santos necesita desmarcarse del heredero de Chávez? Lo cierto es que los votantes no quieren saber de Maduro ni de la revolución bolivariana y no es menos cierto que, a pesar del acuerdo agrario, lo que no se acordó y los puntos venideros contienen temas irreconciliables que hacen difícil un acuerdo con las Farc.

La amenaza: que Cuba logre mantener alineadas a Venezuela y a las Farc, y estas últimas renuncien -cuando menos de boca- a sus pretensiones más radicales. Se firmará la paz con impunidad; Santos será reelegido y hasta candidato al Nobel, pero el país se habrá dejado meter el Caballo de Troya de las Farc como actor político fortalecido, y empezaremos a entrar al túnel oscuro del socialismo del Siglo XXI.

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