Columna de opinión de José Manuel Acevedo

¿Y qué pretendían que pasara? Si todos los días desde el comienzo del Gobierno se mandan señales a los violentos de que habrá mesas de negociación por doquier, cese al fuego sin verificación, “terceras” oportunidades -para quienes descaradamente desaprovecharon las “segundas”-, proyectos de ley para indultar a todo el mundo y ‘sanear’ los bienes producto del crimen y, encima, si se agita con más fuerza la bandera del M-19 que la de Colombia, ¿cómo no esperar que los terroristas y narcotraficantes hicieran fiesta, se expandieran y se volvieran a tomar los territorios, por cuenta de tanta laxitud?
El Gobierno no puede lavarse las manos diciendo que toda la vida departamentos como Nariño o Cauca han estado en poder de los ilegales y descargar en anteriores administraciones la responsabilidad de lo que pasa. Entendible eso, los cien primeros días, pero después de dos años, me da mucha pena, pero la conclusión es más que obvia: al señor ministro de Defensa se le salió la seguridad de las manos.
La pregunta es si eso le importa a él o al presidente que suele ser muy rápido condenando la violencia contra los palestinos, pero demasiado lento reprochando la que se ejerce contra los caucanos.

Las cifras de masacres y de violaciones al cese que muestran entidades absolutamente independientes como Indepaz o Cerac que, incluso le apostaron tan activamente al proceso con las Farc, no pueden ser puestas en duda o disminuidas como si fueran mentiras de la oposición. El alto gobierno debería tomárselo muy en serio y no ve uno a nadie dimensionando el verdadero problema que constituye para un país tan frágil como Colombia el avance galopante de la criminalidad.
Las órdenes, vía Twitter, del presidente Petro han llegado tarde. Las advertencias de una ofensiva activa en contra, por ejemplo, del Estado Mayor Central o el Clan del Golfo, no tienen credibilidad entre los miembros de esos grupos, precisamente por el tiempo perdido y los mensajes erráticos que se les envían. ¿Cuánto se demoraron en sacar al comandante del Ejército y cuánto se demorarán en relevar al ministro de la Defensa? Vuelve y juega y hay que decirlo: ¡qué pesar esta oportunidad perdida para la izquierda democrática en Colombia!
¿Quién les va a volver a creer en las próximas elecciones con este palmarés? El avance de la ilegalidad y los casos de corrupción que crecen todos los días serán su condena.











