lunes 02 de septiembre de 2019 - 12:00 AM

La diferencia entre Uribe y Duque

Más tarde cuando la justicia dejó en libertad a Santrich, los uribistas propusieron decretar un estado de emergencia para contener dicha burla
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Empeñados en el cuento del “subpresidente” y de mostrar a Iván Duque como la marioneta de Álvaro Uribe, la mayoría de opositores y algunos analistas que simplifican la realidad, han pasado intencionalmente por alto el hecho de que uno y otro están reaccionando distinto frente a asuntos cruciales para la nación.

Cuando el bloqueo de la vía panamericana, por ejemplo, Uribe le pidió a Duque levantar las protestas con “el uso legítimo de la fuerza” y no negociar. El Presidente en ejercicio, por su parte, terminó perfeccionando un acuerdo en el que indígenas y entidades del poder central pactaron un mayor porcentaje de inversión en el Plan De Desarrollo y fue así cómo se levantó uno de los paros indígenas más largos de la historia.

Más tarde cuando la justicia dejó en libertad a Santrich, los uribistas propusieron decretar un estado de emergencia para contener dicha burla. Duque y sus asesores, estudiaron todos los escenarios y, contrario a lo que pedían sus copartidarios del Centro Democrático, llegaron a la conclusión de que no existían elementos fácticos y jurídicos que validaran esta herramienta constitucional y, con serenidad institucional, prefirieron coadyuvar la apelación del procurador frente a la garantía de no extradición concedida por la JEP y advertir de otras maneras sobre el peligro de tener a Santrich en libertad, sin vulnerar la independencia de la justicia.

Ahora, cuando Márquez, Santrich, El Paisa y Romaña intentan desafiar al Estado desde su retaguardia en Venezuela, Duque también ha marcado una diferencia con Uribe. Mientras el Expresidente y Senador habla de “bajar de la Constitución los acuerdos”, el actual Presidente dice que hay que seguirle cumpliendo a los que están cumpliendo y combatir a quienes se sabía desde el principio que incumplirían. Ese discurso resulta coherente con la idea expresada desde el comienzo por Duque en el sentido de que no volvería trizas los acuerdos pero tampoco los convertiría en risas. El Primer Mandatario hace bien fortaleciendo los programas de reincorporación y volviendo viable una paz incipiente y en muchos casos artificial que recibió de su predecesor. Pero, por otro lado, acierta poniendo el foco en los golpes que debe asestarle a las disidencias y en su mensaje de mano firme contra los que se apartan de la legalidad y abandonaron para siempre la segunda y última oportunidad que tenían. En síntesis, Uribe y Duque no son la misma cosa y aunque a algunos les quede grande verlo, las diferencias existen y son saludables para nuestra democracia.

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