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Libardo León Guarín
Martes 23 de julio de 2024 - 01:00 AM

Ruidos en silencio

Columna de opinión de Libardo León Guarín

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No puede pasar desapercibida, al lado de las informaciones mentirosas que pocas veces se rectifican y cuando lo hacen el mal ya está hecho, la aplicación del silenciador a las ejecutorias del actual gobierno al cual llaman “progresista”, como si se tratara de un emprendimiento neoliberal de crecimiento sin desarrollo social. Perdida entre las noticias regionales futbolizadas hasta el hartazgo, porque en las nacionales nada de nada, leo que dentro del avance del programa con el cual fue elegido este gobierno, hay interés por revivir las vías férreas algunas ya funcionando, después de casi un siglo de abandono, ante la presión de los privados, que terminaron ganando con los vehículos motorizados para pasajeros y carga.

Y me llamó la atención que, en el recuadro perdido entre la selva futbolera, se mencionaba la posibilidad de una ruta a Maracaibo. Pues nada nuevo, porque durante el período federal del siglo XIX, la idea era la misma, obnubilados nuestros tatarabuelos con ese monstruo que bufaba corriendo y echaba humo maravillando a niños adultos y ancianos, asustando vacas y pájaros, al cual le atribuían el poder premonitorio por ser portador, con su “chaca-chaca”, de las trompetas anunciadoras de la definitiva llegada del Juicio Final. ¿Pero por qué Maracaibo? Rezagos de la Gran Colombia ya sin tanto reconcomio de inquina y de la Colonia española, de economía exportadora de elementos del sector primario, en barcos de gran calado que pudiesen fondear en un puerto estratégicamente ubicado. B/quilla era un villorio, Puerto Colombia no existía y el río Magdalena no era aún el “río de la Patria”. Lo que sí existía era el espíritu de cambio, buscando sustituir el encerramiento comarcano por una mirada más amplia del país, ubicándolo en el mundo exterior que ya era redondo, no plano, desde el siglo XV. Hoy bienvenido el tren nuevamente, moderno desde luego, pero las rutas no pueden ser las mismas que soñaba Solón Wilches.

Adenda.- Gracias a un escrito del columnista en este diario, Eduardo Muñoz Serpa, nos enteramos del bicentenario del Colegio Universitario de Vélez, fundado como otros por decreto, durante la presidencia encargada al general Francisco de Paula Santander, el 07 de Julio de 1824, dentro del propósito de promover la educación pública y laica, lo cual le ganó el ataque persistente de la Iglesia Católica, acusándolo no de “comunista”, ni de “terrorista” o “masón”, como proceden en la historia nacional con todo aquel que promueve cambios ideológicos en la sociedad, sino de introducir les teorías de Bentham en la educación. Lánguida conmemoración; eran ¡DOSCIENTOS AÑOS! de este “abandonado galeón” como lo llama Muñoz Serpa; ni el gobernador, oriundo de esa provincia, asistió ¡Qué tal que hubiese sido Petro el incumplido! Así somos; continuamos sin diferenciar lo importante de las bagatelas.

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