Publicado por: Nilson Pinilla
La ética continúa desvaneciéndose en la humanidad, a pesar de ser indispensable para la subsistencia y la interrelación comunitaria.
Incomoda a muchos la persona que mantiene el comportamiento ético y pide que los demás también obren con honradez, mientras en las comidillas se escuchan reproches, censuras y burlas contra quien actúa correctamente, con cínicas críticas hacia alguien que tuvo a cargo una posición desde la cual manejaba caudales (o adjudicaba contratos) y, sin embargo, “salió igual de pobre, que pendejo, no aprovechó el cuarto de hora”.
El paulatino destierro de la ética, propiciador de la politiquería desplegada por aquellos en quienes prevalece el afán de enriquecimiento presuroso y no el interés general, aunado al masoquismo de los electores que los apoyan por conveniencias del momento, conlleva que ruines desfalcadores, tramposos, ladinos, falaces, cacos, tengan mayores posibilidades de “triunfar” en las fingidas democracias.
Para nada les importa el pensamiento sano de luchadores como Martin Luther King, en su búsqueda de líderes que no estén enamorados del dinero, sino de la justicia.
El temor de Dios ha sido extraditado del alma de los ávidos de riqueza económica, para quienes la deidad es el dinero, usualmente caracterizados por ser también ávidos de poder, el cual anhelan y persiguen en la medida en que les permitirá atraer y amasar mayores caudales.
La pérdida de la ética y la tendencia a “hacer” política en procura del “poder para poder”, ha conducido a que las campañas sean más y más onerosas, agravando el peor padecimiento que se ha enquistado en las sociedades: la corrupción.
Al campear el clientelismo y el manzanillismo, la corrupción se ha posicionado en muchas actividades y sectores humanos. Abundando los corruptos, varios se promocionan por todos los medios hacia el Congreso, al igual que a asambleas, gobernaciones, concejos, alcaldías. Los que más erogan y atraen más favorecedores, logran llegar y se dedican a recobrar con creces y a pagar favores, con el erario público, a quienes les ayudaron.
Tienen la posibilidad de incidir en la selección de encumbrados servidores públicos, en un país dotado de una Constitución Política de preceptos aplaudidos en su previsión, pero gravemente burlados al aplicarlos, de lo cual es doloroso ejemplo, por abuso de la libertad de nombramiento y remoción, el artículo 125 (“Los empleos en los órganos y entidades del Estado son de carrera...”).
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