Publicado por: Puno Ardila
Amiga 1. Dijo Carlos Vásquez Soto: Habemus pobres, habemus ignorancia, habemus hambre y un largo etcétera más urgente de resolver que la elección de este burócrata. Para el mundo de la Iglesia católica sí hay Papa, y para los miles de niños en el África no hay papa.
Amiga 2. “Paz y fraternidad” fue el mensaje de Francisco I. Dejémosle la posibilidad de iniciar su papado. Todos esos “habemus” tienen más que ver con corrupción, robo, etc, de los políticos que elegimos y de nuestras acciones u omisiones –seamos católicos, judíos, musulmanes, agnósticos– que con el Papa.
Amiga 1. Yo creo que también tiene que ver con la Iglesia, y en particular con el Papa, el más político de los religiosos. El Vaticano tiene en sus arcas miles de millones, producto del diezmo, de propiedades y de alianzas, unas claras, otras no tanto. El Vaticano es uno de los Estados más ricos del mundo; allí se vive entre lujos y opulencia, mientras la pobreza y la desigualdad aumentan. Si un templo se está cayendo en un pueblo de Colombia, la Iglesia no da un peso para reconstruirlo; son los feligreses los encargados de buscar recursos. ¿Tú sabes cómo se llenaron las arcas del Vaticano? Yo no creo que sea esta la Iglesia que pensó el humilde Jesús, el que lo dio todo por sus semejantes. Investiga cuántas donaciones han salido de las arcas de la Iglesia, o si son producto de colectas, pues de su banco no sacan ni un pesito. Como lo hace el Éxito, que los clientes ponen y el Éxito dona: filantropía con bolsillos ajenos. Yo preferiría un Papa más revolucionario, al estilo de aquel Jesús, el que predicaba, pero también se quitaba el pan de la boca por los demás, y por eso mismo vivía con austeridad; al de aquel humilde representante de Dios en la tierra, al gestor, al que se codeaba con los más pobres y luchaba por ellos, y no al que se codea con poderosos, con ministros y con políticos corruptos de turno. A mí no me gusta la elección de un Papa que hizo parte de un régimen dictatorial, como el de Videla, que se codeó con él, que sabía de sus andanzas, que calló y fue cómplice de la barbarie.










