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Rafael Gutierrez Solano
Jueves 13 de junio de 2013 - 12:01 AM

Reflexiones de paz

Publicado por: Rafael Gutierrez Solano

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Todas las semanas nos enteramos de aspectos atinentes al proceso de paz que se adelanta en La Habana (Cuba). No me ocuparé de detalles conocidos, traeré a colación algunos argumentos de diferentes lecturas relacionadas con la necesidad inaplazable de la reconciliación.

En una conferencia en Ixtapa, México en 1986, Gabriel García Márquez refería que un novelista contemporáneo se preguntó si la tierra no era el infierno de otros planetas. En verdad cuando se repasan los escenarios de confrontación, se viven y padecen guerras fratricidas producto de la codicia y el afán de poder de diferentes sátrapas que exhiben sin pudor su capacidad de destrucción, inclusive de lo que no han construido en su patria.

Nuestro panorama difiere en que no sufrimos una dictadura que patrocine la violencia, tenemos grupos criminales que han hecho de la violencia un negocio rentable nutrido del secuestro, del desplazamiento forzado, del narcotráfico y de alianzas externas que han sofisticado los mecanismos para ejercer la violencia. Por ello reflexionemos inicialmente sobre lo que se encuentra en la Biblia, Éxodo 7, 1-5 donde los hijos de Israel se enfrentan al Faraón para lograr su liberación; fue una manifestación de protesta orientada por Dios para forzar al gobernante y por ese camino, sin confrontación armada lograr su cometido.

Aristófanes, comediante griego amigo de las sátiras políticas, en su obra Lisístrata defiende la paz entre Atenas y Esparta. Ella lidera a las mujeres para que no se acuesten con sus maridos mientras no se haga la paz. Ocupan la Acrópolis y retan provocativamente a sus compañeros, quienes ante la imposibilidad de vivir sin ellas deciden hacer la patria.

Gandhi y Martin Luther King, precursores de la resistencia pasiva, propugnan por este método para luchar por la paz. Su filosofía de la no violencia se identifica con la desobediencia civil, no obedecer las leyes injustas y persuadir por la palabra. En conclusión, si la cobardía es la única alternativa a la violencia, es mejor luchar, pero siempre con el propósito de buscar la paz.

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