Publicado por: Rafael Gutiérrez Solano
En una sociedad libre, democrática y participativa la prensa debe gozar de esas características y tener la garantía que las autoridades velarán por su cumplimento. Cuando la imprenta vive libre, la calumnia es nula. A esta noble y compleja profesión se le ha pasado una cuenta de cobro muy alta durante estos últimos años por parte de los violentos, amparados en el vil argumento de que más vale un periodista muerto o secuestrado que libre e independiente informando y opinando sobre la realidad de nuestro acontecer cotidiano. Son múltiples las circunstancias en donde nos hemos enterado que otro mártir de esta profesión ha sido atrozmente eliminado por delincuentes de diferentes grupos que no aceptan la actitud valerosa de estos profesionales que asumen con entereza la decisión de transmitirle a las personas los diferentes fenómenos de corrupción que afectan a la sociedad de la que hacen parte. Pero no solo es este delito, también se denuncian extorsiones, atracos, homicidios, microtráfico, etc. que también ofrecen riesgos para los periodistas.
La libertad de prensa debe entenderse por todos los asociados como la posibilidad que tiene el hombre de dar a conocer sus ideas por cualquier medio, y en este sentido ningún poder puede ni debe dañar ese derecho natural pues lo que hace el periodista es vender una verdad que ha descubierto y que los ciudadanos necesitamos conocer. Para estas épocas nos hemos dado cuenta que desde diferentes esquinas del poder se lanzan ataques contra los medios periodísticos, con el fin de acallarlos sin que hasta este momento esa deleznable tarea haya cobrado frutos. Dentro de este contexto, la labor del periodista en un país con diferentes guerras no es tarea fácil. Independiente de la ideología que gobierne a un país, siempre existirá la mano artera y embozada que busca impedir que salgan a la luz pública las realidades de ciertas conductas que mortifican no solo a los detentadores del mando, sino también a los bandidos, o a los que se escudan en su posición social o política, para saquear el erario público o para hacer alianzas indebidas y así “descollar” en el ámbito público.










