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Samuel Chalela
Sábado 21 de junio de 2025 - 01:00 AM

Revolución digital

Suena apocalíptico, pero así está sucediendo. Entonces la pregunta del comienzo debe ser respondida con un sí; la IA debe tener más espacio en nuestros procesos democráticos.

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Hace algunos días en este espacio dejaba formulada la pregunta de si habría que darles más espacio a las máquinas en los procesos democráticos. Hay lugar para una amplia polémica cuando se intenta dar respuesta a ese interrogante. Se asoman las valiosas reflexiones de Yubal Harari (1976) en su reciente libro “Nexus”, un texto imprescindible para los retos del presente.

Todos hemos intentado imaginar un mundo apoyado en la Inteligencia Artificial (IA), y en un delirio infantil soñamos con una vida menos azarosa y más cómoda, como en los Supersónicos, la serie animada de Hanna y Barbera creada en 1963. Pero los que estudian el fenómeno IA encuentran que los riesgos son altos y los beneficios menos idílicos. Identifican consecuencias graves como la reducción de la biósfera y la marginación de grandes grupos humanos, además del recrudecimiento de los conflictos y una nueva brecha que degradará al hombre frente a los algoritmos que definirán todos los aspectos de la vida.

La IA es la primera herramienta tecnológica que puede formarse ideas propias. Se soporta en la inmensa cantidad de información, por décadas recogida, acerca de nuestra vida, realizaciones y aspiraciones (el Big Data), y en su capacidad para procesarla en algoritmos que determinan nuestra manera de pensar. Así funciona hoy la democracia (un efecto nefasto). Eso le da un poder superior al que no estamos acostumbrados porque, como explica Harari, no carga con el lastre de las miserias humanas: las fatigas, las emociones, las ambiciones; pero sobre todo porque carece de finitud, no tiene fecha de caducidad, es decir no enfrenta a cada paso la idea de la mortalidad, y en eso se basa la humanidad.

El algoritmo no será supranacional, ni desvinculado de la jurisdicción de los Estados. Desde 2018 con la puja entre China y Estados Unidos por el 5G y la guerra de Trump contra Huawei, se vio que habrá islas algorítmicas en el mundo, feudos digitales, nuevos imperios que guerrearán entre sí. Todas las otras industrias dependerán o directamente serán de propiedad de los imperios tecnológicos. Y habrá ganadores: los dueños de los datos y el algoritmo, que están en China, Estados Unidos y un par de lugares más. Los demás seremos excluidos o sobrevivientes precarios.

Suena apocalíptico, pero así está sucediendo. Entonces la pregunta del comienzo debe ser respondida con un sí; la IA debe tener más espacio en nuestros procesos democráticos. Pero habrá que preservar burladeros o refugios (áreas de decisión) para la humanidad, esferas de control, validación y rectificación, que impidan la “sacralización” de la IA -dice Harari- y cerquen con una línea roja su poder e influencia; para ser libres y que valga la pena estar vivos.

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