Publicado por: Redaccion Editorial
No es fácil comprender por qué razón en el preciso momento en que el proyecto de Ley Estatutaria de la Justicia Especial para la Paz, JEP, culmina su largo trámite hasta salir con concepto positivo de exequibilidad de la Corte Constitucional, y solo resta la sanción presidencial, se promueva por parte del Fiscal General y algunos dirigentes políticos debates que buscan que se dé al traste con esta jurisdicción especial.
Por una parte, no es justo que se ponga al presidente Duque en una encrucijada insoluble entre los dirigentes de su partido y la autoridad de la Alta Corte que, como instancia de cierre, ya determinó como absoluto el grado de constitucionalidad de la Ley Estatutaria de la JEP. Pero, por otra parte, no es válido que el Fiscal pretenda hacer glosas a los magistrados de la Corte Constitucional, poniendo en tela de juicio lo que se entiende como la última palabra en el trámite de la leyes del país, trayendo a discusión viejos argumentos superados y dirimidos tranto por el Congreso como por la propia Corte.
Estos intentos de última hora por mediatizar la entrada en funcionamiento de la Ley Estatutaria no solo dejan en débil posición al Presidente, sino que atentan contra lo que es la columna vertebral del llamado posconflicto. La inoperancia de la JEP no es una circunstancia sana para el país de ninguna manera, solo entrabaría procesos muy sensibles atinentes a las víctimas, además de frenar el camino de verdad, justicia y reparación innerente necesario en esta justicia transicional.
No puede ponerse en juego un proceso largo y complejo como el Acuerdo de Paz y su consecuente consolidación, proceso para el que es vital la JEP, que debe existir y debe ser juiciosa, recta, neutral y justa, sin permitir que se creen vacíos por donde la impunidad ingrese en el sistema y se empañe tanto la función del tribunal, como el establecimiento de la convivencia en el país. Es hora de empezar a ver las condenas contra los miembros de las Farc establecidas en el marco del acuerdo y estas solo serán posibles con una JEP operante.
Todos los peros y válidas críticas al proceso de paz serán aún más profundas si se deja a la JEP sin piso. Es imposible volver atrás en un proceso que nos ha costado tanto como nación.












