El video es devastador. Carlos J. Bermeo, fiscal de la Jurisdicción Especial para la Paz, JEP, recibe por debajo de la mesa un fajo de billetes y se los guarda en su chaqueta. A su lado aparece el exsenador Luis Alberto Gil, célebre en Santander por haber sido el creador del partido Opción Ciudadana y posteriormente condenado por parapolítica. La identidad de quien entrega el dinero no se ve en la grabación. Luego funcionarios del CTI de la Fiscalía proceden a su captura, por presuntamente tratar de incidir en la no extradición a los Estados Unidos del líder de las Farc Jesús Santrich. Según información de la Fiscalía, el soborno se habría pactado en dos millones de dólares. Además fueron detenidos, Ana Cristina Solarte Burbano, Yamit Prieto Acero y Luis Orlando Villamizar. La Fiscalía les imputará los delitos de concierto para delinquir y tráfico de influencias, entre otros.
Este hecho significa un golpe mortal a la credibilidad de los ciudadanos frente a la JEP y se suma a los ya varios hechos en los que miembros de la Justicia aparecen involucrados en casos de corrupción.
Es un momento de profunda crisis en la Justicia. Y si ahora esta crisis de credibilidad se traslada a una institución que ha sido atacada y cuestionada desde sus inicios como la JEP, el panorama es desolador. La JEP tiene bajo sí la responsabilidad de llevar a cabo un proceso de Justicia Transicional que garantice que no habrá impunidad en el proceso de reinserción de las Farc. Un golpe a su credibilidad como este mina la confianza de los ciudadanos, muchos de los cuales no han creído en su función desde el inicio.
Estas actuaciones de la Fiscalía General deben ir hasta lo más profundo. El país tiene que conocer quiénes están tras estos sobornos, de dónde provienen los dineros entregados, cuántos funcionarios están implicados, y de comprobarse la participación de los capturados en estos actos de corrupción, que se apliquen las sanciones más severas. Este tipo de delitos es el que más daño hace a una sociedad, ya que destruye la esencia misma de la democracia, que se fundamenta en la confianza del ciudadano en sus instituciones.
No hay duda, este país necesita una reconstrucción profunda de su Justicia, de sus funcionarios, de sus ciudadanos, de sus valores... no podemos seguir cayendo en el abismo.












