En Bucaramanga la tasa de deserción en instituciones oficiales fue de 4,9% en 2023, similar a los colegios privados donde fue de 4,09%. En otros municipios del área, las cifras son más alarmantes. En Girón la tasa en colegios oficiales fue de 5,5%, y en Floridablanca, donde los planteles privados alcanzaron un 6%, .
Publicado por: Editorial
La deserción escolar es uno de los problemas más graves que enfrenta el sistema educativo en Bucaramanga y el área metropolitana. Aunque la educación virtual impuesta durante la pandemia de Covid-19 permitió cierta continuidad académica, también profundizó las desigualdades y desencadenó un fuerte descenso en la cobertura que, hasta el día de hoy, las autoridades educativas no han logrado detener del todo. Este fenómeno ha afectado especialmente a estudiantes de las zonas más vulnerables, quienes abandonan las aulas por una serie de causas complejas y multifactoriales.
Una de las principales razones detrás de la deserción es la precaria situación económica de muchas familias, pues la falta de recursos suficientes obliga a los jóvenes a sacrificar sus estudios para buscar empleo y aportar al sustento de sus hogares, una realidad que se ha verificado recurrentemente en los informes presentados por las Secretarías de Educación y el programa Bucaramanga Metropolitana Cómo Vamos (BMCV), y constituye una de las razones de las altas tasas de abandono escolar tanto en establecimientos públicos como privados.
En Bucaramanga, por ejemplo, la tasa de deserción en instituciones oficiales fue de 4,9% en 2023, similar a los colegios privados donde fue de 4,09%, aunque en otros municipios del área metropolitana, las cifras son aún más alarmantes, como en Girón, donde la tasa en colegios oficiales fue de 5,5%, y en Floridablanca, donde los planteles privados alcanzaron un 6%, lo que refleja una crisis educativa, derivada, entre otros factores, de las profundas brechas sociales que aún persisten en la región.
Pero, el impacto de la deserción escolar no se limita a los individuos que abandonan el sistema educativo, puesto que es un fenómeno que termina por erosionar el desarrollo económico y social de toda la región, pues la población en su conjunto sufre las consecuencias de una fuerza laboral menos calificada. Por otra parte, las causas de la deserción no son solo económicas: la falta de apoyo pedagógico, los problemas de salud mental, la violencia intrafamiliar y el embarazo adolescente son otras circunstancias que agravan esta problemática.
Además de factores económicos, para algunos estudiantes el ambiente familiar obstaculiza su permanencia en la escuela y afecta su salud emocional, lo cual es un aspecto que no siempre se atiende adecuadamente, y si no existe un entorno que les ofrezca seguridad y bienestar a los jóvenes, el riesgo de abandonar los estudios aumenta significativamente.
Por todo esto, es imperativo enfrentar este problema con soluciones que den respaldo económico a las familias, pero también con programas integrales que aborden las múltiples causas de la deserción. Se necesitan estrategias que mejoren el apoyo pedagógico, la atención psicológica y la infraestructura educativa para garantizar que los estudiantes puedan continuar su formación.
En síntesis, tenemos que recordar que invertir en la educación de nuestros jóvenes es garantizar un mejor porvenir para toda la región, por lo que revertir la tendencia de la deserción escolar es una responsabilidad de las autoridades educativas y un compromiso de toda la comunidad para construir un mañana mejor.











