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Editorial
Lunes 28 de octubre de 2024 - 04:01 AM

Educación contra la violencia

Los santandereanos tenemos el reto de erradicar esta sombra de violencia que ha marcado nuestra historia y eso podemos hacerlo mediante una cultura ciudadana basada en el respeto y el reconocimiento del otro.

Publicado por: Redaccion Editorial

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La violencia ha sido una constante en la historia de los santandereanos, una característica cultural profundamente arraigada que sigue afectando nuestra vida diaria y el tejido social en formas devastadoras. En Bucaramanga, el 62 % de los homicidios es consecuencia no de actos delictivos, sino de riñas que surgen por intolerancia, de acuerdo con cifras oficiales. Esta alarmante estadística evidencia cómo la agresividad y la falta de tolerancia siguen siendo la respuesta habitual (equivocada, por supuesto), para resolver conflictos, lo que deja una estela de dolor, trauma y luto en familias y comunidades.

Históricamente, esta propensión a la violencia de los santandereanos, ha tenido un inmenso costo social, pues no solo ha formado generaciones traumatizadas y obsesionadas con conductas machistas y agresivas, sino que también ha afectado profundamente a los grupos más vulnerables. La violencia intrafamiliar, las agresiones hacia las mujeres, los niños, y hacia cualquier condición diferente en la sociedad, conduce frecuentemente a respuestas violentas, obviamente inaceptables. La agresividad en las calles y en las actividades cotidianas muestra una faceta fatal de nuestra convivencia, reflejada en la beligerancia que tiende a imponerse, incluso en situaciones menores.

La alcaldía ha lanzado el “Plan Candado” con la intención de reducir la violencia en Bucaramanga y ha propuesto un enfoque que abarca la seguridad ciudadana, involucrando a los habitantes para que participen activamente en la prevención del delito y en la creación de una cultura de solidaridad frente a hechos de intolerancia, lo cual es una propuesta que evidencia la necesidad de, sobre todo, hacer un cambio cultural por medio de la educación y la participación comunitaria, pues, como bien lo demuestra la experiencia, la seguridad y la convivencia surgen mejor del esfuerzo colectivo.

El hecho de que la respuesta violenta automática de los santandereanos lamentablemente está inscrita en nuestra historia y nuestra cultura, es un hecho que debe convencernos de que para encontrar soluciones a este problema, se debe acudir a las raíces de esas conductas, lo que, obviamente, dista mucho de ser nada más que un asunto de instintos delincuenciales o criminales, por lo que debemos abordar esto desde perspectivas históricas, sociológicas y, sobre todo, educativas, de manera que alcancemos, por fin, una fase correctiva de la conducta, y, más importante aún, una fase preventiva, que nos puede llevar a una solución definitiva.

Es necesario, entonces, trabajar en conjunto para que logremos algún día construir una cultura de paz y respeto, lo cual debe ser una prioridad para toda la sociedad santandereana. No podemos permitir que una generación tras otra, crezca viendo la violencia como una solución, ni que nuestras mujeres y niños sigan siendo las principales víctimas de una intolerancia inaceptable en una sociedad que aspira a la convivencia pacífica.

Los santandereanos tenemos el reto de erradicar esta sombra de violencia que ha marcado nuestra historia y eso podemos hacerlo mediante una cultura ciudadana basada en el respeto y el reconocimiento del otro, de modo que podamos construir una cultura en la que no prime el miedo y la violencia.

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Publicado por: Redaccion Editorial

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