Desde la muerte de Álvaro Gómez, los líderes conservadores iniciaron un largo y tortuoso camino de viudez nacional. La presidencia de Andrés Pastrana fue un alto en el camino para respirar desde las regiones y tomar un segundo aire. Sin figuras de talla nacional en sus filas, esa luna de miel con el poder presidencial se hizo agua y sus líderes del Partido Conservador reiniciaron su caminata, perdiéndose entre los vericuetos de otros partidos.
Los triunfos regionales y locales sufrieron sin tregua y, en el Congreso, antiguos jefes conservadores ahora se arropaban con otros colores. Ese tsunami encontró pantallas ancladas en el territorio nacional; políticos que resistieron con tenacidad, paciencia y mucho entusiasmo una y otra vez. En últimas, esa ausencia de una figura de talla nacional nunca dejó otra opción.
Las elecciones locales eran ese tanque de oxígeno. Debieron pasar 24 años para que los colombianos, sin aviso alguno, casi imperceptiblemente, fueran a las urnas a votar en nombre de unas ideas que en sus hogares son el pan de cada día. La familia, la más vital de sus defensas históricas.
El candidato a la presidencia Abelardo De La Espriella ha sacudido la eterna mecedora de las casas tradicionales, tiene en desvelo a los dueños del poder presidencial actual, enloqueció al candidato Cepeda hasta que ahora lucen también la camiseta amarilla de la selección de fútbol, olvidando en ese trance que ya ‘el Tigre’ tenía su propia manada, su propia selección. Esa manada es la representación electoral de la familia. La camiseta, candidato Cepeda, es un elemento de una estrategia principal, no es por sí sola la estrategia. Error de perdedor.
El conservatismo de ‘el Tigre’ cierra filas desde la primera vuelta y genera el consenso, la noche del 31 de mayo, compartiendo en su discurso del triunfo que el “firmes por la patria” es la autoridad en su máxima expresión, es el juego de las convicciones y la mano amiga a la tropa de nuestras fuerzas militares y sus familias.
Estimado lector, un candidato sin sólidas ideas políticas será un presidente débil ante el Congreso de la República e impresentable en el contexto internacional. El conservatismo de Abelardo De La Espriella es el diálogo permanente de miles y miles de colombianos en sus hogares, en sus sitios de trabajo, de estudio, en las naturales calles de los barrios y en lo profundo de la Providencia. En Santander, el candidato presidencial tiene a dos defensores de la patria, al frente de su manada: los congresistas conservadores Luis Eduardo Díaz Mateus (senador electo) y el coronel (R) Guillermo Blanco (representante electo). Nos vemos en las urnas este domingo para ponerle la otra raya al ‘Tigre’.












