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Editorial
Lunes 03 de noviembre de 2025 - 01:00 AM

¿Hay liderazgo tras la votación de las vedetes digitales?

Publicado por: Editorial

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La reciente consulta interna del Pacto Histórico ha dejado ver que las redes sociales se han consolidado como una vía novedosa y poderosa para acceder a cargos de representación popular. La notable votación obtenida entre los militantes de ese partido por el influenciador Walter Alfonso Rodríguez Chaparro, ‘MeDicenWally’, y el tercer lugar de Daniela Beltrán, ‘Smilelalis’, en sus respectivas listas al Senado y a la Cámara por Bogotá, no son otra cosa que la confirmación de una tendencia estructural que está reconfigurando la democracia colombiana.

Esto plantea dos elementos fundamentales: la apertura de nuevos frentes de participación política y la inmensa responsabilidad que recae sobre estos influenciadores para demostrar que su liderazgo virtual puede traducirse en una gestión legislativa seria y productiva, que confirme que las plataformas digitales pueden convertirse en un capital electoral tan efectivo como lo fue en el pasado la militancia orgánica en un partido; de ser así, esta no sería una ruta marginal, sino una autopista por la cual podrán llegar nuevas figuras a disputar no solo curules en el Congreso, sino también alcaldías, gobernaciones y, eventualmente, la presidencia.

En pocas palabras, estamos viendo que la política ya no se hace solo en las sedes partidistas o en las plazas públicas, sino que deriva también de los algoritmos y las interacciones virtuales que, como demuestra este caso, son capaces de movilizar voluntades y convertirse en votos concretos. Este es un signo de modernidad que presiona a la democracia frente a los nuevos ecosistemas de comunicación.

Sin embargo, hay actualmente antecedentes como los de Miguel Polo Polo y el bumangués JP Hernández, que ya en 2022 pasaron de las redes al Congreso, pero cuyo desempeño legislativo ha sido bastante deficiente y han dejado un rastro de frivolidad y escándalo que, sin duda, pesará sobre el desempeño de Walter Rodríguez y Daniela Beltrán, quienes deberán demostrar que la influencia digital no es un fin en sí mismo y que, más que fenómenos virales, son factores efectivos a la hora de traducir su conexión con la ciudadanía digital en iniciativas legislativas sólidas, en debates informados y en una gestión transparente en el Legislativo.

En cualquier caso, lo que queda claro es que las vías de acceso al poder y a la representación popular se multiplican y se diversifican, en un proceso de pluralización de la política que es, en esencia, saludable para un sistema democrático que requiere oxigenarse y conectar con nuevas realidades y lenguajes. No se puede ignorar el potencial de estos influenciadores para revitalizar la política y atraer a un electorado desencantado con las formas tradicionales.

No obstante, la verdadera prueba de fuego para estos nuevos actores no será la confirmación de su elección en marzo, sino la gestión que demuestren desde sus escaños. De ellos depende que esta nueva vertiente sea recordada como el rejuvenecimiento de la democracia colombiana o, por el contrario, como un simple experimento fallido que confundió popularidad con capacidad. El país espera ganar una cantera de futuros líderes y no solo una colección de efímeras tendencias digitales.

Publicado por: Editorial

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