Publicado por: Editorial
A pesar de que la discusión en Bucaramanga sobre la implementación de zonas de estacionamiento regulado lleva décadas sobre la mesa sin encontrar solución, esta se reaviva cíclicamente y expone la ausencia de una estrategia municipal integral y de largo plazo para enfrentar un problema que, lejos de resolverse con medidas aisladas, se profundizará cada día más, pues el crecimiento del parque automotor, que ya supera el millón de vehículos en el área metropolitana, exige acciones serias y un esfuerzo grande tanto de los gobiernos como de la ciudadanía.
El establecimiento de zonas azules en unas pocas cuadras o la realización de operativos de sanción esporádicos no pueden seguir siendo la única respuesta a un problema de estas proporciones, pues son medidas que carecen de la visión transversal del fenómeno. Que, en Cabecera, por ejemplo, se hable de un faltante de dos mil espacios de parqueo muestra el retraso descomunal de planeación que hace rato debió ir hacia un proyecto de ciudad que anticipara estas necesidades actuales.
Hoy tenemos una ciudad que concentra el 60 % de los viajes diarios del área metropolitana, debido a su oferta laboral y comercial, lo que debe afrontar con una infraestructura vial y de estacionamiento que, sencillamente, no ha crecido ni a una décima parte de esta demanda, como consecuencia de las decisiones postergadas, como ha ocurrido con la propuesta de las Zonas de Estacionamiento Regulado Transitorio, ZETR, que lleva una década esperando enfrentar un problema que se agrava diariamente.
Es imprescindible también la ampliación y modernización de la red vial, que implica inversiones cuantiosas, que van desde la construcción de parqueaderos subterráneos y superficiales en puntos neurálgicos hasta la planificación de bahías de estacionamiento que no sacrifiquen los carriles de circulación. Y más allá de la infraestructura, es imperativo repensar el uso del suelo y la vocación de los espacios en la ciudad. La restricción de la circulación vehicular en las zonas de mayor concurrencia, mediante la creación de áreas peatonales consolidadas, es una tendencia mundial que ha demostrado su eficacia para revitalizar el comercio y mejorar la calidad de vida.
En el núcleo de cualquier solución duradera debe encontrarse una estrategia masiva y continua de pedagogía vial, con un programa en el sistema educativo formal que forme a las nuevas generaciones en el respeto por las normas y la comprensión de la movilidad como un bien común. La cultura ciudadana se construye con paciencia y persistencia y la falta de esta formación es la que propicia ideas lesivas de los derechos de los demás en las vías. Trabajar este aspecto con la misma intensidad con que se acude a las multas es una inversión a largo plazo mucho más rentable para la ciudad.
El sector empresarial, consciente de que la congestión afecta la productividad y el atractivo de la ciudad, ha señalado que las zonas reguladas no compiten con los parqueaderos privados, sino que los complementan mediante tarifas diferenciadas. Este reconocimiento abre la puerta a una colaboración público-privada que podría dinamizar la oferta de espacios. Sin embargo, esto requiere de un marco regulatorio que ofrezca certezas a los inversionistas. La indefinición actual, que se prolonga por años, frena cualquier iniciativa privada de gran escala para aumentar la oferta de estacionamientos en la ciudad. Se necesita un plan integral que combine inversión en infraestructura, reordenamiento urbano, educación vial y una regulación inteligente y sostenida, pues mientras se siga respondiendo con medidas coyunturales, el problema se agravará con el inevitable crecimiento del parque automotor.










