Mucho antes de llegar a la Vicepresidencia, José Manuel Restrepo era el niño que jugaba fútbol los viernes, compartía sándwiches con sus amigos del colegio y construía amistades que sobrevivieron al tiempo, la política y el poder. Uno de sus compañeros de pupitre reconstruye la historia de una relación de casi cinco décadas.

Publicado por: José Ignacio Leiva
Detrás de la llegada de Abelardo de la Espriella a la Presidencia y de José Manuel Restrepo a la Vicepresidencia también aparecen historias personales que ayudan a entender rasgos menos visibles de ambos dirigentes. Amigos de infancia, aliados de distintas etapas y personas que compartieron espacios familiares, profesionales y políticos relatan episodios que dibujan perfiles marcados por la cercanía, la disciplina, el liderazgo y la lealtad.
Los testimonios recopilados muestran una mirada distinta de la plaza pública y la campaña electoral. Desde encuentros en entornos privados y amistades construidas durante décadas, hasta recuerdos de colegio y momentos compartidos fuera del escenario político, las voces coinciden en describir facetas humanas que, según ellos, permanecieron intactas con el paso del tiempo. Este texto lo escribió José Ignacio Leiva para Vanguardia:
El Presidente que conocí
Conocí a José Manuel en el año 1977; los dos teníamos en ese entonces siete años. Entramos juntos y al mismo tiempo a primero de primaria en el Gimnasio Campestre de la ciudad de Bogotá. Desde entonces, es decir, desde 1977 hasta que nos graduamos en 1987, fuimos permanentemente compañeros de pupitre.
A José Manuel lo considero, más que un amigo, verdaderamente un hermano, porque compartimos toda la primaria y todo el bachillerato. Además, después de que salimos del colegio, junto con otros tres amigos —en total éramos cinco amigos desde la escuela—, conservamos una amistad entrañable que se mantiene hasta el día de hoy. En el colegio, José Manuel era absolutamente brillante; en la mayoría de las ocasiones era el mejor de la clase: absolutamente dedicado, caballeroso, buen amigo y buen compañero. Posteriormente, en el bachillerato, siguió siendo un estudiante destacado y un buen amigo.
En ese entonces éramos muy sanos. Nosotros no éramos particularmente rumberos —y hablo del grupo de los cinco amigos del colegio—, pero éramos absolutamente dedicados al fútbol. Los viernes nos íbamos a jugar a algún potrero hasta que quedábamos extenuados; después nos íbamos a la casa de alguno de nosotros a comer un sándwich y a tomarnos una gaseosa. Esas eran nuestras actividades, incluso casi al final del bachillerato.

Como les digo, no éramos particularmente rumberos ni novieros, pero la pasábamos muy divertido y teníamos una gran afición por el fútbol. Esperábamos con ansias que llegara el viernes para poder ir a un potrero a jugar. En el colegio jugábamos permanentemente; nos inventábamos torneos y nos pedíamos jugadores de fútbol para estas actividades. Eso sí, José Manuel tenía un defecto gravísimo, y todavía lo tiene: es hincha de Independiente Santa Fe, mientras que todos los demás amigos éramos, naturalmente, hinchas de Millonarios. Eso, ciertamente, lo ha llevado a sufrir mucho en muchas oportunidades con su equipo.
Después de que nos graduamos del colegio, seguimos con nuestra amistad, pero además ahí empezamos a tener inquietud política. Fundamos un movimiento político que se llamaba Gente Nueva con Manos Limpias, a propósito del estreno —digámoslo de esa forma— de una figura que eran los ediles de las Juntas Administradoras Locales de la ciudad de Bogotá. Fue la primera elección popular de ediles y nosotros vimos una oportunidad en eso.
Nos lanzamos algunos de nosotros como candidatos y, efectivamente, salimos elegidos. Después, nuestra ambición nos llevó a que uno de nosotros se lanzara al Concejo de Bogotá; tuvimos una quemada épica. Posteriormente insistimos con otro de nuestros amigos, quien también se lanzó al Concejo de Bogotá, y volvimos a tener una quemada épica. Eso, al final del día, nos llevó a abandonar las pretensiones políticas que cada uno podía tener, y cada quien se dedicó a su profesión. José Manuel se dedicó a la economía, a la administración y a la rectoría de instituciones de educación superior; otro, a la arquitectura; otro, a temas legales; y otro, a proyectos muy bonitos relacionados con el manejo de comunidades.
Publicidad
Adicionalmente, tengo un orgullo, y es que yo fui quien presentó a Tatiana con José Manuel. José Manuel es mi mejor amigo y Tatiana era la mejor amiga de quien entonces era mi esposa. Con mi esposa resolvimos que era una muy buena idea presentarlos. No teníamos muchas expectativas; les hicimos una cita a ciegas, se conocieron y quedamos muy sorprendidos porque al día siguiente ya estaban ennoviados y absolutamente enamorados. Se casaron y el resto de la historia ya el país la conoce y la han contado tanto Tatiana como José Manuel.
En el colegio jugábamos permanentemente; nos inventábamos torneos y nos pedíamos jugadores de fútbol para estas actividades. Eso sí, José Manuel tenía un defecto gravísimo, y todavía lo tiene: es hincha de Independiente Santa Fe, mientras que todos los demás amigos éramos, naturalmente, hinchas de Millonarios. Eso, ciertamente, lo ha llevado a sufrir mucho en muchas oportunidades con su equipo
Nosotros conservamos una gran amistad entre los cinco amigos que menciono y procuramos vernos con alguna frecuencia. Cuando José Manuel entra al Ministerio de Comercio y después al Ministerio de Hacienda, por sus ocupaciones se produce, naturalmente, un alejamiento respecto de los otros cuatro amigos, pero siempre tuvimos el cuidado de tener una reunión navideña a final de año que nos uniera, nos reuniera y nos permitiera celebrar juntos. Luego de salir de los ministerios, José Manuel vuelve a su actividad docente y nos sorprende a todos con su irrupción en la política electoral, con el éxito que el país ya vio. José Manuel nos sorprendió a todos porque resultó ser un verdadero rockstar. Nosotros le conocíamos todas sus cualidades académicas, sus habilidades como administrador de universidades y en el sector público, pero ninguno de nosotros le conocía esas facultades como rockstar de la política, las cuales marcaron un hito y resultaron fundamentales para la campaña de Los Defensores de la Patria y para lograr la elección de Abelardo De La Espriella y de José Manuel Restrepo.

A José Manuel lo quiero enormemente; es más que un amigo, es mi hermano. A Tatiana la quiero infinitamente. Me enorgullece haber podido ser, primero, parte de su vida; segundo, parte de su matrimonio, en la medida en que yo los presenté; y tercero, parte de su vida pública, en la medida en que lo hemos podido acompañar en lo que ha sido posible. Estamos absolutamente orgullosos y felices de que hoy sea nuestro nuevo vicepresidente. Sin duda, le entregará alma, corazón y vida al ejercicio de la vicepresidencia. Le deseamos la mejor de las suertes.












