Seguridad, crisis en el sistema de salud y un Congreso fragmentado centran los desafíos de los candidatos favoritos Iván Cepeda, Abelardo de la Espriella o Paloma Valencia para gobernar Colombia.

Publicado por: Redacción Política
La campaña presidencial en Colombia entra en su recta final de cara a la primera vuelta de este domingo 31 de mayo. Quien resulte vencedor para el periodo 2026-2030, en una contienda que las encuestas cierran entre el izquierdista Iván Cepeda (sucesor del bloque progresista), el ultraderechista Abelardo de la Espriella y la derechista Paloma Valencia, heredará un país marcado por profundas fracturas sociales, el recrudecimiento del orden público y una crisis sanitaria sin precedentes.
Tras cuatro años del gobierno de Gustavo Petro, analistas y gremios coinciden en que el próximo mandatario no tendrá periodo de gracia. Los desafíos estructurales exigirán respuestas inmediatas en un escenario de altísima polarización política.

1. El retroceso en seguridad y el replanteamiento de la paz en Colombia
Para la politóloga y analista Sandra Borda, el reto prioritario y más urgente de la agenda será contener el deterioro del orden público. De acuerdo con la experta, la política de ‘paz total’ de la administración saliente generó un efecto adverso en los territorios. Otras noticias: Elecciones presidenciales 2026: El plan de la Fiscalía contra delitos electorales
“El efecto que tuvo el diálogo con grupos insurgentes y criminales fue que esos grupos han crecido en número y en dominio territorial”, afirmó Borda en entrevista con EFE, señalando que las guerrillas y disidencias aprovecharon los ceses al fuego para fortalecer su pie de fuerza y expandir economías ilícitas vinculadas al narcotráfico.
Este declive de la seguridad coincide con el décimo aniversario del histórico acuerdo de paz con las antiguas Farc, demostrando que, si bien se redujo la intensidad del conflicto original, el Estado no logró ocupar eficazmente las regiones, permitiendo el auge de nuevas estructuras criminales que hoy tensan la relación bilateral con Estados Unidos.

2. Un sistema de salud colombiano en cuidados intensivos
El otro gran incendio que deberá apagar el nuevo jefe de Estado es el colapso del sistema sanitario. La escasez de medicamentos esenciales, las millonarias deudas acumuladas de las Entidades Promotoras de Salud (EPS) con clínicas y hospitales, y las barreras de acceso para tratamientos de alta complejidad mantienen el descontento ciudadano en niveles críticos. Lea: Así puede consultar su puesto de votación para elecciones presidenciales en Colombia
Diego Fernando González, director de la Federación Médica Colombiana, advirtió a EFE que la crisis no es exclusiva de este cuatrienio, sino el resultado de problemas financieros y estructurales acumulados desde los gobiernos de Juan Manuel Santos e Iván Duque.
El dirigente gremial lanzó un fuerte llamado de atención al debate electoral actual: “El sistema está colapsado por la intermediación financiera de los recursos públicos. No he leído ni una propuesta seria de ningún candidato frente al tema de la salud”.
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3. Gobernabilidad bajo fuego y bloqueo legislativo
En el plano político, el próximo Gobierno contará con un margen de maniobra macroeconómico aceptable gracias a que la ciudadanía no percibe una crisis financiera inmediata —factor que, según Borda, podría beneficiar al candidato oficialista Iván Cepeda—. Sin embargo, el panorama en el Congreso de la República será hostil. Le interesa: ¿Cuál es la multa por no asistir como jurado de votación este 31 de mayo de 2026?
Colombia sigue siendo el segundo país más desigual de América Latina, después de Brasil, y las reformas sociales prometidas para cerrar esa brecha continúan engavetadas.

La fragmentación partidista anticipa dos escenarios de alta conflictividad:
Si gana la derecha (De la Espriella o Valencia): El país podría enfrentar una ola de movilizaciones sociales y protestas callejeras por parte de los sectores populares y sindicales.
Si gana la izquierda (Cepeda): Se mantendrá la dinámica actual de bloqueo legislativo mutuo, impidiendo el consenso necesario para tramitar reformas estructurales.














