Barrancabermeja
Sábado 04 de abril de 2026 - 03:11 PM

Ecoreserva La Tayra: así se recuperó la zona donde ocurrió el derrame del pozo Lizama 158

Luego de ocho años de la emergencia ambiental del pozo Lizama 158 en Barrancabermeja, la Ecoreserva La Tayra se convirtió en un escenario de restauración ecológica. Esta es la historia del recorrido por un territorio que pasó de una enorme mancha de petróleo y muerte a un bosque que hoy alberga vida.

En la Ecoreserva La Tayra-Lizama se han sembrado más de 9.000 árboles de cerca de 50 especies nativas de la región del Magdalena Medio.
En la Ecoreserva La Tayra-Lizama se han sembrado más de 9.000 árboles de cerca de 50 especies nativas de la región del Magdalena Medio.

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Publicado por: Lesly Adriana Cifuentes

Cuando uno llega a la Ecoreserva La Tayra, lo primero que siente es el calor, ese de Barrancabermeja al que uno ya está acostumbrado si es de aquí. Es un calor fuerte, de esos que pegan la ropa a la piel y obligan a limpiarse el sudor y entrecerrar los ojos. También están el zumbido insistente de los insectos y el repelente untado a toda prisa antes de empezar a caminar.

Pero lo que irrumpe de verdad es el silencio. Un silencio que permite escuchar el trinar de los pájaros, ver el pasto verde y sentir el suelo húmedo. La Tayra obliga a corregir, desde el comienzo, la idea que uno trae de la naturaleza y la biodiversidad, porque aquí la historia no empezó con el verde de un bosque joven, sino con el recuerdo de una tragedia ambiental que marcó al país.

La Ecoreserva La Tayra-Lizama está ubicada en el corregimiento La Fortuna, en Barrancabermeja, Santander. Hoy Ecopetrol la presenta como un área de restauración ambiental y biodiversidad, surgida tras la emergencia del pozo Lisama 158, ocurrida en marzo de 2018. La ANLA documentó afectaciones en la quebrada La Lizama, Caño La Muerte y el río Sogamoso, con impactos en aproximadamente 24 kilómetros de los dos primeros cuerpos de agua y 20 kilómetros del último.

A poca distancia de la entrada se logra ver el área recuperada, a unos 250 metros de donde se ubica el pozo Lisama 158, el mismo que en marzo de 2018 registró el afloramiento que desencadenó la emergencia. Ecopetrol estimó entonces que, entre el 12 y el 15 de marzo de ese año, unos 550 barriles de mezcla de crudo, barro, agua y lodos llegaron a la quebrada La Lizama y Caño Muerto.

Ese hecho convirtió la zona en el escenario de una de las emergencias ambientales más recordadas del país. A simple vista no hay nada que hoy delate lo ocurrido. Sin embargo, don Fabio Hernández, líder del corregimiento Meseta de San Rafael, recuerda muy bien esos días. Fue uno de los primeros en enterarse de la tragedia y, durante la emergencia, estuvo siempre ahí.

“Uno nunca olvida lo que ocurrió. Yo llegué al sitio y esto era caos. Vimos correr barriles de petróleo; daban ganas de llorar. Era una mancha negra impresionante corriendo sobre todo: el agua, los animales, la tierra”, cuenta.

El avance del crudo dejó una fuerte afectación sobre la fauna silvestre y obligó a desplegar labores de rescate animal en la zona. Fue una tragedia difícil de asimilar. Sin embargo, lo desconcertante de La Tayra no es solo el recuerdo de esa emergencia ambiental, sino la historia que siguió después.

En la Ecoreserva La Tayra-Lizama se han sembrado más de 9.000 árboles de cerca de 50 especies nativas de la región del Magdalena Medio.
En la Ecoreserva La Tayra-Lizama se han sembrado más de 9.000 árboles de cerca de 50 especies nativas de la región del Magdalena Medio.

El guardián de la ecoreserva

El guía sigue caminando por un sendero que para él no es desconocido. Descendemos como si la ruta empezara a llevarnos desde la memoria del desastre hacia otra cosa. El terreno, con altibajos, obliga a andar con cuidado. Está húmedo, cubierto de hojas y ramas, y el aire ya no huele a petróleo ni a muerte: huele a tierra viva.

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El calor se sigue sintiendo. Mientras se camina en silencio y con cautela, empieza a aparecer la vida en pequeñas señales, como una rana platanera en mitad del camino. Es una prueba visible de que la fauna volvió.

Luego seguimos bajando y aparece uno de los puntos más extraños y, para mí, más significativos del recorrido: el guía, Gilberto Espinel, ingeniero forestal que lleva años trabajando en la recuperación ambiental de la zona, se detiene para señalar al “guardián”.

No es un árbol majestuoso. De hecho, podría pasar desapercibido si nadie lo señala. Pero cuando el guía se acerca y cuenta su historia, deja de ser una planta cualquiera.

En la Ecoreserva La Tayra-Lizama se han sembrado más de 9.000 árboles de cerca de 50 especies nativas de la región del Magdalena Medio.
En la Ecoreserva La Tayra-Lizama se han sembrado más de 9.000 árboles de cerca de 50 especies nativas de la región del Magdalena Medio.

Es una zarzaparrilla que no hizo parte del plan de recuperación ambiental implementado por Ecopetrol. Nació sola, cuando todo parecía un desierto, como una especie de “zarza ardiente”, esa del pasaje bíblico del Éxodo en el que Moisés se detiene frente a una planta que arde sin consumirse, como si en ese punto imposible la vida, contra todo pronóstico, se resistiera a extinguirse.

“Esto se encontraba prácticamente como un desierto (...) y encontramos que naturalmente hay una especie que conocemos como la zarzaparrilla, que denominamos como un árbol bíblico. En los registros que tenemos de la zona no encontramos una especie o un individuo de este tipo. Entonces, para nosotros, dentro del proceso, es como nuestro guardián, dado que se dio naturalmente”, sostiene.

Lo que sigue durante el recorrido ya no son solo árboles sembrados, sino un paisaje que da cuenta de un proceso de recuperación. Jimena Contreras, profesional de la coordinación ambiental regional central de Ecopetrol, explica que, una vez controlada la contingencia, comenzaron las acciones de recuperación sobre el suelo, el recurso hídrico, la cobertura vegetal y la fauna.

En la Ecoreserva La Tayra-Lizama se han sembrado más de 9.000 árboles de cerca de 50 especies nativas de la región del Magdalena Medio.
En la Ecoreserva La Tayra-Lizama se han sembrado más de 9.000 árboles de cerca de 50 especies nativas de la región del Magdalena Medio.

“Fueron acciones analizadas con un grupo de expertos, entre ellos biólogos y profesionales ambientales, que se enfocaron en establecer cobertura vegetal e identificar cuáles eran las mejores especies nativas para sembrar en la zona. Poco a poco, asociado también a la limpieza efectiva que se realizó en el lugar, empezó a generarse ese proceso de recuperación del suelo, que fue una base importante para el desarrollo de los individuos arbóreos que hoy tenemos aquí”, explica.

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Hoy, en el área del afloramiento, Ecopetrol reporta el establecimiento de más de 9.000 plántulas de 48 especies nativas. Entre ellas aparecen abarco, algarrobo, aro, búcaro, cedro, ceiba bonga, coco cristal, gualanday, guayacán amarillo, guayacán rosado, móncoro, caracolí, guadua, cedro caoba, suribio, orejero y dinde, entre otras.

En la Ecoreserva La Tayra-Lizama se han sembrado más de 9.000 árboles de cerca de 50 especies nativas de la región del Magdalena Medio.
En la Ecoreserva La Tayra-Lizama se han sembrado más de 9.000 árboles de cerca de 50 especies nativas de la región del Magdalena Medio.

La llegada de la fauna

Metros más adelante, cuando nos adentramos un poco más en el bosque que empieza a formarse, aparecen las cámaras trampa. Están sujetas a los árboles y fueron instaladas para monitorear la presencia de fauna que ha ido regresando al área.

El biólogo Óscar Eduardo Rangel, encargado de monitorearlas, señala uno de los puntos donde hay una instalada y explica que al comienzo no esperaban encontrar mucho, y que los primeros registros fueron escasos.

“Queríamos conocer acerca de la presencia de fauna que había llegado al área posterior a las acciones implementadas. Entonces, queríamos tomar registros, pero no queríamos que esto fuera muy invasivo”, explica.

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Con el paso de los meses, las cámaras empezaron a registrar movimiento. Hoy, según Ecopetrol, existen más de 1.300 registros de fauna silvestre pertenecientes a 38 especies. Entre ellas se destacan guacharacas, tayras, monos cariblanco, zorros perros, ocelotes, hurones, mapaches, armadillos y hormigueros. También aves como palomas camineras, chilacoas y tinamúes, además de iguanas y lobos polleros que volvieron a ocupar la zona del desastre.

En esas imágenes queda la evidencia de algo que, cuando todo quedó reducido a una mancha de petróleo, parecía imposible: la fauna volvió.

La restauración ecológica de la zona se ha hecho con apoyo de la comunidad y ha contemplado también inversión social por parte de Ecopetrol.

En la Ecoreserva La Tayra-Lizama se han sembrado más de 9.000 árboles de cerca de 50 especies nativas de la región del Magdalena Medio.
En la Ecoreserva La Tayra-Lizama se han sembrado más de 9.000 árboles de cerca de 50 especies nativas de la región del Magdalena Medio.

“Este bosque, ver a las personas caminando, es una satisfacción muy grande. Pero más que todo, la visita de nosotros es ver las aves, ver en la noche varios mamíferos que llegan aquí, que encuentran un sitio de reposo. Vemos que la labor se hizo bien”, relata don Fabio.

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El recorrido por la Ecoreserva, que hicimos durante algo más de media hora junto a profesionales de Ecopetrol y otros periodistas de distintas regiones del país, terminó antes de lo previsto, porque el tiempo apremiaba y la oscuridad amenazaba con caer.

Antes de salir, algunos alcanzaron a sembrar árboles. Antes de irnos, don Fabio, con esa voz sabia pero pausada, se quedó un momento más mirando hacia ese mismo terreno que alguna vez vio cubierto de petróleo y donde hoy vuelve a crecer el bosque, e insistió:

“Esto que pasó aquí, yo lo analizo como un llamado que hace la naturaleza y que lo podemos vivir. La naturaleza es sabia, es nuestra madre. Hoy, en gran medida, el esfuerzo que hizo Ecopetrol se ve reflejado en el crecimiento de los árboles, en la limpieza de la tierra, en el oficio que tiene la naturaleza”.

En la Ecoreserva La Tayra-Lizama se han sembrado más de 9.000 árboles de cerca de 50 especies nativas de la región del Magdalena Medio.
En la Ecoreserva La Tayra-Lizama se han sembrado más de 9.000 árboles de cerca de 50 especies nativas de la región del Magdalena Medio.

Hizo una pausa corta y siguió:

“En la industria petrolera no puede haber decisiones porque sí, no pueden hacer cosas por hacerlas. Debe existir un profundo respeto hacia la naturaleza y ese es el llamado que hoy hace este territorio, desde donde anhelamos que esto no vuelva a ocurrir”, insiste.

No hace falta que diga más, porque mientras uno se va queda claro que no basta con decir que este lugar volvió a tener vida. También es necesario insistir en que tragedias como esta no deben repetirse.

Publicado por: Lesly Adriana Cifuentes

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