La soledad manda en el lugar en donde diariamente transitan cerca de 300 buses para diferentes partes del país y que hoy solo atiende uno que otro que logra pasar por los diferentes puntos de la protesta que se adelanta en diferentes zonas del territorio nacional, pero especialmente en Santander.

Publicado por: Jorge Rios
Las 84 sillas de la sala de espera del terminal de Transportes de San Gil permanecían semivacías, al igual que la decena de negocios, las taquillas de las 9 empresas de transporte que operan desde el establecimiento y los parqueaderos de buses.
La soledad manda en el lugar en donde diariamente transitan cerca de 300 buses para diferentes partes del país y que hoy solo atiende uno que otro que logra pasar por los diferentes puntos de la protesta que se adelanta en diferentes zonas del territorio nacional, pero especialmente en Santander, que permanece casi incomunicado.
De las sillas destinadas para la espera de los pasajeros que van y llegan cada día solo seis permanecían ocupadas. Una madre y sus dos hijas menores de edad esperaban el milagro que apareciera un bus que los llevara a Bogotá, aunque con cara de resignación dijo “mira, no hay nada, no hay buses”.

Como ella también, pero con incertidumbre, preocupación y un poco de rabia, esperaba con su maleta Eulises Romero. El problema de él era diferente o mejor, el mismo, no había bus, pero si tiquete.
Sentado en uno de los asientos frente a la taquilla y sin saber qué hacer, contó que el día anterior compró un pasaje por internet para viajar San Gil – Bogotá a las 10:30 de la mañana. La sorpresa se la llevó cuando llegó a la terminal de transportes y no había bus ni quien le respondiera, porque en la ventanilla de la empresa que le vendió el pasaje no había nadie, “ni un número a donde llamar dejaron”, afirmó.
De las 9 empresas de transporte con ventanilla de atención al público, 5 estaban cerradas, sin personal. Tres de las abiertas ofrecían rutas dentro de Santander y la otra sí a diferentes zonas del país. Eso sí, la oferta de rutas y pasajes era limitada, porque nadie se atrevía a asegurar una hora de salida y mucho menos la de llegada.

“Esperar que llegue porque que más”, dijo tranquilo, tiquete en mano para las 12:00 del medio día y una sonrisa, Pastor Cardozo – un adulto mayor -, hablando del bus que lo llevaría a Bucaramanga a donde tenía que llegar a la Clínica Cardiovascular con una remisión de urgencias porque, como el dijo, “el mango le está fallando” y pues hay que viajar así, “a la de Dios”.
La fuerza de la fe
El desolado terminal llamaba la atención la tranquilidad de un habitante de calle quien – alejado de la realidad – cantaba, hablaba y murmuraba para sí mismo, totalmente alejado de la angustia de quienes lo miraban, como por ejemplo don Ángel Uribe, de 57 años de edad.
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Estaba sentado junto a su armatoste de hierro, amarillo, el que lo acompaña cada día desde hace tres años para cargar las maletas de los que llegan y se van. “Ayer solo cargue una maleta”, expresó con ojos de angustia, pero no pierde la fe en que todo regrese a la normalidad.

El de este 14 de abril ya era el sexto día sin llevar nada a la casa. Son $2.000, $3.000 0 $5.000 por servicio, durante la protesta máximo 1 o 2, normalmente nada, pero confía en que se solucionará, por eso llega cada día desde las 5:00 de la mañana y se espera hasta la media tarde.
Norberto Carmona, decidió abrir su negocio después de 4 días, también pegado al de arriba, a Dios, y a la esperanza de que las mesas de diálogo terminen en algo. Lleva 3 años con su negocio, varios paros y protestas que los dejan sin clientes y lo ponen literalmente a hacer cuentas para cubrir el arriendo, los servicios y cubrir los gastos propios de la manutención familiar.
La experiencia le ha enseñado que máximo son por ahí seis días, porque más así sería imposible aguantar. En la misma situación y con más esperanza de normalización estaba en su restaurante Johanna Sánchez, quien vende menos del 25 de lo que hacía diariamente en desayunos, almuerzos y comidas. “Más días imposible”, afirmó la empresaria del terminal.
Los empresarios del terminal de transportes lo único que entienden es que al final, sin importar cual sea el paro ni el motivo, ellos y siempre quedan en la mitad, mientras que el problema va de lado a lado.















