Región
Domingo 22 de julio de 2012 - 05:37 PM

Tras la escena de un deportista olímpico

Mientras en Río de Janeiro, Brasil, un judoka es la imagen de marcas de ropa deportiva y modelo de superación a seguir por los niños y jóvenes de las favelas, en Bucaramanga, estos deportistas viven en el anonimato, trabajan para pagar sus estudios y cancelar prestamos utilizados para comprar medicinas. A pesar de esto, un “ángel” parece acompañar a los locales en su sueño olímpico.

Tras la escena de un deportista olímpico (Foto: Suministrada/VANGUARDIA LIBERAL)
Tras la escena de un deportista olímpico (Foto: Suministrada/VANGUARDIA LIBERAL)

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Publicado por: XIOMARA MONTAÑEZ MONSALVE

Entra imponente al tatami luciendo su judogi de kimono y pantalón blanco impecable. Toma el obi o cinturón negro, lo cursa en su torso y luego lo aprieta hasta marcar su figura. Antes de mirar a su oponente, esta morena oriunda de Aguachica, Cesar, hija adoptiva de las tierras del Chicamocha, se pasa las manos por la cabeza y recoge los rizos de su pelo.

El combate no da tiempo para que Yadinis Amaris Rocha recuerde que en casa está su esposo esperándola, que debe estudiar para un parcial de anatomía, que tiene una deuda pendiente con un familiar que le prestó dinero para comprar medicinas y nutrientes. Está a cientos de kilómetros, esperando ser juzgada por jueces bielorrusos y cruzando los dedos para sumar puntos y alcanzar un lugar en la delegación de judokas que llegarán a los Juegos Olímpicos 2012.

Pensar en los movimientos firmes y fuertes que debe impartir durante el enfrentamiento no le da tiempo de acordarse del dolor en el estómago que desde hace varias semanas la tiene con un mal semblante. Sabe que es su colón inquieto e irritable, producto de la mala alimentación.

La frase “el judo ha valido cada segundo de mi vida” la repite como un mantra, mientras el tiempo avanza y llega el momento de volcar sobre la lona a su contrincante.

Es la final de la Copa Mundo de Minsk de Judo, en Bielorrusia, donde 11 judokas de todo el planeta se disputan la presea dorada. Dos de las grandes exponentes de esta disciplina ya se enfrentaron a la cesarense de 57 kilogramos. Fueron Ucrania y Armenia. Faltaba la alemana, de nombre muy colombiano y apellido de empresa cervecera, Johanna Mueller.

Por la radio el triunfo de esta morena nunca se escuchó. A lo mejor un partido de fútbol acaparaba la atención ese primer fin de semana de octubre de 2011.

Lo que sí fue cierto es que a Yadinis, a sus compañeros de equipo y a su entrenador, la piel se les puso de gallina y la emoción les explotó en forma de lágrimas, cuando subió al pódium y fue iluminada por el pequeño trozo de metal preciado que la catalogaba como triunfadora.

Oro para Colombia. Oro para Santander y Cesar. El oro hizo grande a Yadinis, después de pasar por la Copa Mundo de Judo en Roma, Italia. Luego la llevó a los Juegos Panamericanos de Guadalajara, México, para seguir dejando en alto el nombre de nuestro país con este deporte.

Ese mismo oro obtenido en las lejanas tierras de Bielorrusia le permitió a esta mujer alcanzar su máximo sueño, estar en los Juegos Olímpicos de Londres y hacer parte del grupo de 104 deportista nacionales que representarán a Colombia en el evento deportivo del año en el mundo.

Tal vez sea hora de entregarle a Yadinis su lugar como una fiel representante del deporte nacional y de lucir la camiseta tricolor cuando salte al escenario acolchonado a enfrentarse, a lo mejor, con figuras de la talla de Rafaela Silva, de Brasil. Por qué no, tal vez se repita la hazaña de Bielorrusia.

A ritmo de samba

Rafaela Silva es una de las jóvenes promesas del judo en Brasil, que le dio la cara a este deporte cuando apenas tenía ocho años.

De caminar, correr y jugar por las peligrosas calles de la favela Ciudad de Dios, una de las más conflictivas de Río de Janeiro, pasó a lucir kimonos blancos y azules en los escenarios más importantes de este deporte en el mundo.

Hoy, con su rostro aún de niña, su cuerpo delgado y esbelto, sus crespos alborotados y su voz grave, Rafaela se pasea por las calles de la ciudad que la vio nacer, rodeada de infantes que le piden que los cargue, que les dé un “bote carnero” y que la desafían a la lucha divertida.

Es descomplicada, nada femenina en su forma de hablar, caminar y enfrentar las cámaras. Es fuerte en combate, agresiva, sus gestos despiertan temor en su contrincante.

La historia de esta joven es muy similar a la de cientos de deportistas del país carioca, que a menudo luchan por sobresalir y especialmente, dejar atrás la pobreza  que los rodea tanto a ellos como a sus familias.

Rafaela era conocida por su rebeldía, por querer imponerse ante los demás y por no seguir las reglas. Hasta que un día, un importante judoka de ese país, Flavio Canto, vio su potencial y la convirtió en una campeona.

El judo la transformó para siempre. Ahora su rostro puede verse en vallas, carros rodantes y comerciales de televisión.

Las cadenas deportivas más importantes de Brasil siguen el día a día de esta joven y más aún cuando se ha convertido en una de las competidoras más importantes del judo de ese país para los Juegos Olímpicos.

Mientras no está en concentración, la joven aprovecha el tiempo para estar con su familia, pero cuando es tiempo de competir se despide de su hogar con una sonrisa.

De allí pasa a la sede de concentración de su equipo – 18 deportistas en total lo conforman– y se levanta a las 6:00 de la mañana para iniciar su entrenamiento diario. Lo primero que hace es visitar a su médico personal, quien le hace el chequeo respectivo. Luego pasa a manos de su nutricionista, encargado de mirar su peso, de indagarla sobre su alimentación y de recomendarle los nutrientes, vitaminas y medicinas necesarios.

Finalmente, un masajista y un fisioterapeuta la esperan. Cada uno se encarga de analizar detenidamente el estado de sus músculos, de sus tendones y de cada parte de su cuerpo. La cuidan como la ‘joya de la corona’ y cuando el entrenamiento dirigido termina, ella duerme y se relaja hasta que recibe una nueva orden.

Rafaela Silva sólo tiene una preocupación: seguir llenando las vitrinas de su casa con preseas doradas, ser el orgullo de su barrio, recibir los abrazos y el saludo de los brasileros que la admiran y la respetan como lo han hecho con figuras como Ronaldo y el desaparecido Ayrton Senna.

Su vida entera está dedicada a este deporte financiado en su totalidad por el gobierno de ese país y por grandes patrocinadores. Por algo hoy ocupa el cuarto lugar en la clasificación mundial en la categoría de los 57 kilos de peso corporal.

Reconoce que Flavio Canto es su máxima inspiración, lo que la ha llevado a robarse los aplausos en campeonatos importantes como el Máster Mundial de Judo, disputado en Almaty, Kazajistán; el Mundial de Judo en París, el Mundial de Düsseldorf y el de Bangkok.

Realidad

Se apagaron los aplausos en Bielorrusia. Yadinis Amaris llegó a Bucaramanga a enfrentar su realidad. Aún no le habían cancelado el salario del Comité Olímpico, del Indersantander, el apoyo de la Gobernación de Santander por ser deportista ‘élite’ del departamento.

Era hora de poner en orden su casa, de despertar a las 6:00 de la mañana, de comer una galleta o lo que encontrara en su nevera antes de realizar su primer entrenamiento diario y si contaba con suerte, de encontrar a una masajista para sus terapias.

De regreso a su casa – a preparar el almuerzo para ella y su esposo– seguía tejiendo su sueño olímpico. Pero las tareas y los trabajos de grupo con sus compañeros de cultura física y deporte, que le faltaba terminar para pasar el semestre, nuevamente la aterrizaban en el piso del bus que la llevaba hasta su barrio –Caldas– en el sur de la ciudad.

A Rafaela Silva la recoge una buseta después de su entrenamiento. No le preocupan sus clases, pues como deportista brasilera, el gobierno le garantiza su formación académica.

No puede dejar de lado la petición que su padre le ha hecho: aportar dinero para terminar su casa. Ella sabe que es un compromiso que puede cumplir, gracias al salario de casi dos mil dólares que recibe de la Federación de Judo del país carioca.

Ella no se preocupa por las maletas, no tiene que compartir entrenador, tampoco asiste a las asambleas y reuniones a las que deben estar los delegados de cada una de las naciones participantes, para informarse sobre los temas técnicos y reglas de cada torneo.

La joven brasilera desconoce muchas cosas que ocurren tras bambalinas del judo brasilero, pues su misión es luchar hasta el cansancio y obtener grandes triunfos y reconocimientos.

Mientras la colombiana tardó años en conseguir un patrocinador que le diera el respaldo que necesitaba, mientras perdió tiempo de entrenamiento buscando un apoyo en senadores de la República, representantes a la Cámara. Mientras le rogó a la Federación Nacional de Judo –que tiene sede en Cali– que no la alejara de su entrenador, Baudilio Hernández, en Brasil a sus deportistas se les empaca hasta las maletas y se les realiza toda clase de homenajes.

Con dos realidades tan distintas, el destino juntará a estas dos excelentes deportistas y las llevará, a lo mejor, a enfrentarse en los escenarios londinenses.

Tras la escena de un deportista olímpico (Foto: Suministrada/VANGUARDIA LIBERAL)
Tras la escena de un deportista olímpico (Foto: Suministrada/VANGUARDIA LIBERAL)

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Tras la escena de un deportista olímpico (Foto: Suministrada/VANGUARDIA LIBERAL)
Tras la escena de un deportista olímpico (Foto: Suministrada/VANGUARDIA LIBERAL)
Tras la escena de un deportista olímpico (Foto: Suministrada/VANGUARDIA LIBERAL)
Tras la escena de un deportista olímpico (Foto: Suministrada/VANGUARDIA LIBERAL)

Publicado por: XIOMARA MONTAÑEZ MONSALVE

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