Conozca la historia de una adulta mayor del sector rural de Santander cuyo destino cambió gracias a personas que se convencieron de que de pequeñas sociedades surgen grandes cambios.
A seis kilómetros del casco urbano de Cabrera, Santander, en la vereda Cuchillas, vive María de los Ángeles Torres, una adulta mayor que durante muchos años tuvo que habitar en un lugar con precarias condiciones.
Entre ladrillos de barro, tejas metálicas oxidadas, troncos viejos y vástagos de caña pasaban los días y las noches de la humilde mujer. Lea también: San Vicente de Chucurí emite voz de alerta por tramos peligrosos de su carretera principal
Su cama estaba fabricada con hierros oxidados y una cubierta de cuero, una vieja colchoneta y pedazos de trapo que le servían como cobijas. Además, en el pequeño espacio donde dormía también tenía un fogón de leña que impregnaba sus pertenencias con olor a madera quemada.

La casa, si así se le puede llamar, tenía un piso de tierra; allí, como dicen los abuelos, hacía más frío adentro que afuera. Por falta de un sanitario, las necesidades fisiológicas de la mujer las tenía que realizar en el monte.
Sin embargo, allí no vivía sola; su hermano Joselito y dos mascotas también habitaban este precario espacio y debían afrontar las mismas condiciones.
La economía de esta pequeña familia tampoco les fue benévola. Mientras Joselito salía a jornalear para juntar dinero y comprar comida, María de los Ángeles se quedaba a tratar de limpiar el percudido lugar y cocinar en dos ollas corroídas por el hollín.
El recorrido para llegar a la humilde vivienda también estaba lleno de escollos. Una vía destapada, sumada a un camino de herradura, en donde para acceder a la entrada había que descolgarse por una escalera hecha de cuerdas, completaban la travesía.
La suma de fuerzas

Aunque las condiciones de vivienda de María de los Ángeles y Joselito no eran las mejores, lo que sí les sobraba eran buenos vecinos.
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Claudia Ruiz Franco es una habitante de la vereda Cuchillas, quien al ver las afugias de estos campesinos decidió ayudarles a mejorar su calidad de vida. Le puede interesar: Vía a Barrancabermeja: urge obra para acabar caos vial en el ‘corazón’ de Lebrija
La mujer tocó puertas sin descanso: primero las de los habitantes de la vereda, luego la del comandante de Policía del municipio y también pasó por la de empresarios y comerciantes de materiales de construcción.

Las peticiones de Claudia dieron frutos y se tradujeron en ladrillos, cemento, baldosa, arena y hasta en materiales para construir un baño y una cocina. También hubo donaciones y hasta se organizaron actividades para recaudar fondos.
La primera suma de esfuerzos se dio en la construcción de un camino para llevar los materiales lo más cerca del predio beneficiado. Luego de adecuarlo, se sumaron manos voluntariosas para llevarlos al lugar del nuevo hogar.
Hombro a hombro, mano a mano, policías y comunidad le fueron dando forma a la vivienda. Donde antes había un fogón de leña ahora hay una cocina funcional. El piso de tierra pasó a ser uno de baldosa y la cama de cuero se reemplazó por una de madera con un confortable colchón.

“Lloré de tristeza al ver la situación de María de los Ángeles y Joselito y ahora lloro de alegría. Que Dios les multiplique a todos los que ayudaron”, manifestó Claudia Ruiz.
Por su parte, el intendente Adelmo Mejía, jefe de Policía de la Estación de Cabrera, destacó que “la unión logra hacer sueños realidad. María de los Ángeles vio su habitación y cocina construidas y su calidad de vida mejorará”. Vea además: El turismo ‘vuela’ en el páramo del Almorzadero de Santander
La mejor forma que encontraron María de los Ángeles y Joselito para agradecer la labor de los voluntarios fue un asado. Entre el sabor de la carne y el compartir con los voluntarios se selló la entrega fraternal del nuevo hogar.














