El adiós de las galletas La Aurora fue el fin de un sabor y de una tradición que acompañó a muchas generaciones en Bucaramanga y el país. Su recuerdo hoy se convierte en nostalgia.

No hay santandereano alguno, al menos no de los de vieja data, que no haya degustado una galleta La Aurora. De manera literal, fue un manjar exquisito que desde febrero de 1937 se convirtió en la primera galleta ‘made in Bucaramanga’.
Si bien la receta tenía una singular ‘sazón’ europea, ella se convirtió en un alimento tradicional de los bumangueses y, en general, de los colombianos.

El forjador de la empresa fue don Miguel Ordóñez Cadena (q.e.p.d.) quien en 1932 viajó a Bruselas, Bélgica, para hacerse tecnólogo en galletería. En 1935, con el equipo de maquinaria necesario, británica y alemana, regresó a Bucaramanga y, año y medio después, él mismo hizo el montaje de la que sería la emblemática galletería santandereana. Cuentan que todo el montaje lo hizo él mismo o, mejor, que él fue el cerebro de un sueño hecho realidad, el cual se prolongó durante 85 años.

AYER & HOY: Galleta La Aurora🍪
— Vanguardia (@vanguardiacom) October 25, 2024
El nombre de galleta La Aurora acompañó la historia de Bucaramanga durante 85 años. Hoy, en la sección Ayer & Hoy, el periodista Euclides Kilô Ardila nos recuerda esta emblemática empresa. pic.twitter.com/pvLRsRKBLa
Estos comienzos, a decir verdad, tienen el nostálgico tono del recuerdo y de la añoranza de los tiempos idos y amables. Varias generaciones de santandereanos crecimos saboreando las exquisitas galletas que don Miguel Ordóñez preparaba, mezclando blancos turrones de azúcar con multicolores esencias y con el delicado fruto del trigo.

Estaba la Fantasía, la Doble crema, la Extra, la Marie o la Media Luna, las cuales se sirvieron en las mesas de muchos hogares, e hicieron las delicias de propios y extraños. Había que ver la galleta con cuatro merengues pequeños en sus puntas. Incluso alcanzó a salir al mercado ‘Delirio’, una galleta rellena de arequipe y bañada en chocolate. Dicen que se alcanzó a producir hasta media tonelada de galletas mensuales, en sus últimos años.

Pese a los tiempos modernos, la fábrica no dejó de estar en esa casona de bahareque que, entre los mismos ladrillos de décadas anteriores, se mantuvo en pie sobre la calle 34, entre las carreras 17 y 18. Ella tuvo que enfrentar, de lado y lado, la presión de las nuevas edificaciones. ¡En efecto! La fábrica se conservó casi intacta desde 1937, cuando don Miguel le dio vida y la convirtió en una de las mayores competencias de galletas Noel.

En esa vieja sede, al traspasar la puerta de entrada de la fábrica La Aurora, el tiempo parecía detenerse. Cada rincón grande o pequeño hacía evocar la cocina de la abuela y el suave olor que despedía la cacerola del dulce puesta en el fogón.

Era necesario cerrar por un momento los ojos para abrirlos luego a la realidad, esa que nos transportaba a esa vieja casona, con techos de madera, y con la pesada maquinaria que durante años de esfuerzo construyó -y algunas veces importó- don Miguel.
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Dicen que para los dueños de esta fábrica, cada empleado era como parte de la entrañable familia Ordóñez, y que en ese lugar se fueron cocinando sazones de cariño, aprecio y tradición, como si cada galleta llevara un pedacito de amor y de recuerdos compartidos.
Pero el tiempo fue implacable y don Miguel tuvo que partir a diseñar su fábrica en el cielo. Y aunque en sus hijos se plasmaron las facciones del patricio, ellos tuvieron que enfrentar la dura prueba de colocar la tradicional fábrica de frente a los retos que imponía el progreso de comienzos del siglo XXI. Se logró mantener la tradición con tesón, pero no por mucho tiempo.

El calendario pasó y el viejo horno Inglés fue desmontado y los anaqueles de madera fueron remplazados por otros. Las nuevas generaciones crecieron y la motivación no fue la misma.

En medio del concreto, la casa en donde funcionó la fábrica cayó para darle paso a un supermercado; eso fue en octubre de 2022 . La familia vendió la fábrica y lo que vino después es una historia que aún está por contar.

Las galletas La Aurora fueron algo más que olorosas figuritas de harina y crema, ellas representaron una gran época. En la memoria y en el gusto de los santandereanos siempre serán las galletas de don Miguel; una dulce y nostálgica tradición.

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