Hoy presentamos otro sencillo relato del pasado. Se trata de una reseña periodística que puede ser una prueba fehaciente de que el patrimonio urbanístico de nuestra Bucaramanga no es un pasivo de la nostalgia sino un activo de la memoria. ¡Acompáñenos a un singular viaje por la otrora Casa Wessels!

Empecemos por responder el cuestionamiento que encabeza esta nota del ayer: la Casa Wessels queda en la carrera 22 No. 31-71, frente al Parque Antonia Santos, en el Centro de Bucaramanga. Es uno de los inmuebles emblemáticos de la ciudad del ayer.
Si bien ha sido objeto de ciertas modificaciones, se puede decir que el predio conserva su esencia y ha ‘sobrevivido’ al desarrollo urbanístico. Es una verdadera joya arquitectónica que, por fortuna guarda la historia de la familia alemana que ‘echó raíces’ allí.
Esta propiedad perteneció a Bernhard Wessels, quien llegó a Bucaramanga a finales del Siglo XIX y se convirtió en un comerciante opulento e influyente. En 1923, tras contraer nupcias, él construyó lo que se conoció como: la ‘Casa Quinta Wessels’.
Es una gigante y elegante construcción de dos pisos, que distinguía a la élite económica de la época. Diseñada por Pedro Monticonni, ella deja ver lindos balcones, grandes ventanas y puertas, además de cuartos, salones y patios. También se destacan sus escaleras de fina madera.
La Casa Wessels conserva en algunos de sus pisos una particularidad: varias de las baldosas dejan ver la esvástica que fuera el principal símbolo del Nazismo y que incluso hoy continúa estando asociada con él en occidente. Como el dueño del predio era alemán, antes de la Segunda Guerra Mundial, él quiso darle la identidad germana a su vivienda.
En la Bucaramanga del ayer, esto despertó un singular mito: se decía, en ese entonces, que los alemanes invadirían a la capital santandereana. La razón: ésta y otras mansiones de ciudadanos alemanes estaban siendo construidas en puntos estratégicos de la meseta.

Más allá de esas historias, la propiedad es bellísima. En ella hoy funciona la Liga Santandereana de Lucha contra el Cáncer, entidad sin ánimo de lucro que la adquirió en 1973. El ya desaparecido doctor Hernando Pardo Ordóñez fue quien la compró para cumplir la noble labor que la Liga ha realizado a través de los años. Incluso él compró una casa vecina para ampliarla. La entidad solidaria utiliza ese antiguo y amplio edificio para consultorios y para el tratamiento del cáncer.
Lea además: El adiós de las galletas La Aurora
Publicidad
Vale recordar que la Ley 1185 de 2008, referente al Patrimonio Cultural de la Nación de naturaleza material y al Régimen Especial de Protección de los Bienes de Interés Cultural, ordena el respeto por este tipo de edificaciones. Por eso, es una pena que en Bucaramanga todo eso esté en letra muerta.
En un listado oficial, hecho hace once años, 105 propiedades de Bucaramanga quedaron incluidas en las áreas por conservar; de manera desafortunada algunas se han tumbado y las que ‘sobreviven’ están en pésimas condiciones o simplemente desaparecieron. Mientras la construcción desaforada se sigue devorando a la ciudad, pocas propiedades de gran valor cultural e histórico para la ciudad se mantienen en pie, en su mayoría por esfuerzos privados; otras siguen en el abandono, convirtiendo en polvo la historia de lo que somos y aniquilando nuestra memoria.

Por fortuna, la Casa Wessels aún se mantiene en pie y conserva entre sus pasillos su pasado y en su presente actual es una casa para aliviar el dolor del cuerpo y del alma.















