Girón y Piedecuesta duplican la tasa capitalina. Cada embarazo infantil implica un posible delito sexual, muchas veces callado por sus propias familias.

Publicado por: Danilo Cárdenas
Treinta y dos niñas de entre 10 y 14 años tuvieron un hijo durante 2025 en Bucaramanga, Floridablanca, Girón y Piedecuesta. El dato, incluido en el Informe de Calidad de Vida 2026 de Bucaramanga Metropolitana Cómo Vamos, es tratado por la organización como un indicador crítico de posible violencia sexual que exige la intervención del Estado.
La advertencia tiene sustento legal. El artículo 208 del Código Penal tipifica como delito el acceso carnal con una persona menor de 14 años, sin importar si hubo o no “consentimiento”.
Por eso, cada uno de esos 32 nacimientos obliga a las autoridades a establecer en qué circunstancias ocurrió el embarazo y a activar las rutas de denuncia, investigación y protección de la niña.
El dato se conoce durante la Semana Andina de Prevención del Embarazo en la Infancia y la Adolescencia, cuya apertura nacional se hizo en Bucaramanga. En el país, según cifras preliminares del DANE, hubo 2.929 nacimientos con niñas de 10 a 14 años durante 2025. Le puede interesar: Persecución contra personas LGBTIQ+: qué significa la imputación de la JEP en el Caso 05
Entre 2016 y 2025, la tasa de fecundidad en adolescentes de 15 a 19 años cayó 64 % en el área metropolitana, hasta 19,9 por cada mil jóvenes, mientras que entre las niñas de 10 a 14 años, bajó un 59 %, hasta 0,70 embarazos por cada mil menores.
Pero en 2025 los municipios se separaron: Bucaramanga bajó de 0,91 a 0,48 nacimientos por cada mil niñas de 10 a 14 años, mientras Girón subió de 0,74 a 1,19 y Piedecuesta, de 0,68 a 1,09, más del doble que la capital. Como son pocos casos, uno o dos nacimientos mueven estas tasas, así que es una alerta y no una tendencia confirmada.
Piedecuesta suma otra alerta: fue el único municipio donde subió la fecundidad de 15 a 19 años en 2025, de 22,6 a 24,7 por cada mil. Es también donde menos ha caído la tasa desde 2016. Allí el descenso ha sido del 47 % en la última década, frente a una caída que está entre 63 % y 67 % en los demás municipios del área.
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Lo que rodea estos embarazos
Según datos nacionales presentados por la Defensoría del Pueblo en 2023, el 78 % de la violencia sexual contra niñas, niños y adolescentes ocurre en la casa, y en la mitad de ellos los agresores son familiares o personas cercanas. Esa cercanía es una de las razones por las que el delito tiende a no denunciarse.
Sin embargo, los contextos de estos embarazos son diversos. En muchos casos hay una relación que la familia y el entorno llaman noviazgo. Según los registros de nacimiento del DANE, en 2022, en el 54 % de los nacimientos en niñas menores de 14 años el padre tenía entre 14 y 19 años, y en el 35 %, 20 años o más.
El Ministerio de Salud reconoce, en su ruta de atención para niñas y adolescentes embarazadas, que algunos de estos delitos son ampliamente tolerados por la cultura y se naturalizan o justifican, por ejemplo, con la unión marital. Esa normalización no cambia lo que dice la ley: lo que define el hecho es la edad de la niña, no el tipo de relación.
Para Olga Materón, líder en defensa de los derechos de la población diversa, los esfuerzos institucionales no logran aterrizar en los barrios donde más casos se han hecho visibles.
“En términos culturales, estas agresiones sexuales se dan y las redes comunitarias o las familias silencian esas denuncias. Eso hace que la justicia, a veces, no pueda entrar para romper ese ciclo de violencia”, explicó.
A esto se suma la falta de educación sexual. Los investigadores que han analizado las cifras del DANE advierten que los nacimientos en niñas reflejan tanto problemas en la educación sexual de los menores como su vulnerabilidad frente a la violencia sexual.
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“No estamos viendo una educación integral, y eso genera desinformación y promueve que este tipo de cosas sucedan”, dijo Materón, quien también apunta a la pobreza: según investigaciones de Profamilia que ella cita, el embarazo temprano se concentra cada vez más en sectores pobres.
En salud también hay barreras. Según Materón, muchas niñas no saben que un embarazo a su edad es causal legal para solicitar la interrupción voluntaria del embarazo, con protección y confidencialidad.
Además, advierte que en algunos centros de salud, sobre todo en municipios apartados, el personal pone trabas morales o exige el consentimiento de los tutores, “que en ocasiones resultan ser los mismos agresores”. Esas demoras, agrega, pueden convertir el procedimiento en uno de alto riesgo.

Hablar a tiempo: la apuesta de los jóvenes
En el marco de la Semana Andina, Profamilia consultó a su RedJoven, integrada por adolescentes y jóvenes que hacen pedagogía sobre derechos sexuales y reproductivos, sobre cómo les gustaría que las familias abordaran estos temas. La respuesta común fue que no hay que esperar el “momento perfecto”.
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“La sexualidad hace parte de nuestras vidas desde que somos pequeños, por eso es importante crecer con información clara, confianza y espacios seguros para preguntar y aprender”, afirmó Jofri Restrepo, integrante de la red.
Profamilia recomienda empezar desde la infancia con temas como el cuerpo, el autocuidado y los límites, porque ese diálogo ayuda a que niñas y niños reconozcan situaciones de violencia y conozcan sus derechos. Lea: Tres hombres fueron enviados a prisión por abuso sexual contra una niña de 6 años en Santander
“Ustedes también pasaron por eso y saben que uno tiene muchas dudas”, les recordó Amelie Russi a los adultos, a quienes pidió no minimizar las preguntas ni responder desde el miedo o el prejuicio.
Profamilia también sugiere hablar claro de anticoncepción, pues según la Unesco esa información no adelanta el inicio de la vida sexual, e incluir las redes y la web en la conversación: “El Internet es la mayor fuente de conocimientos y a la vez de desinformación”, resumió Juan Ramos, otro joven de la red.
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“A veces pareciera que quienes están viviendo eso están solas y no lo están”, recordó Materón, quien destacó que en la ciudad hay organizaciones de mujeres que orientan sobre violencias y rutas de ayuda.














