En el José Celestino Mutis, la filosofía volvió a demostrar que pensar es mucho más que responder preguntas: es aprender a formularlas, examinar las propias decisiones y descubrir que, incluso en medio del cansancio, siempre es posible encontrar razones para comenzar.

La pregunta quedó flotando en los pasillos, las aulas y los espacios de encuentro de la Institución Educativa José Celestino Mutis: ¿cómo es posible que una generación que cuenta con más oportunidades de acceso a la información, la tecnología y el conocimiento se sienta ‘agotada’ incluso antes de comenzar?

Alrededor de esta inquietud se desarrolló el XIII Congreso de Filosofía, un encuentro que trascendió las fronteras del aula para convertirse en un ejercicio de reflexión sobre la vida, las emociones y los desafíos de los jóvenes de hoy.
Bajo el lema “Jóvenes agotados antes de empezar”, la referida institución abrió un espacio para escuchar a sus estudiantes, cuestionar algunas certezas y comprender, sin prejuicios, las inquietudes de una generación que busca su lugar en el mundo.

La Institución Educativa José Celestino Mutis lideró así una nueva edición de este encuentro, consolidado no solo como un certamen académico, sino como una experiencia viva de formación ciudadana.
La filosofía dejó de ser, por unos días, una asignatura asociada exclusivamente con conceptos abstractos y pensadores clásicos, para convertirse en una herramienta con la que los estudiantes pudieron examinar su realidad.

¿Por qué hay jóvenes que se sienten presionados por tener éxito? ¿Cuándo el deseo de cumplir con todo termina convirtiéndose en una carga?
Estas preguntas orientaron una reflexión que buscó comprender el cansancio juvenil sin reducirlo a la pereza o a la falta de compromiso.
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Detrás de esta apuesta pedagógica está María Inés Castellanos Fajardo, docente del área de Filosofía y promotora del congreso desde 2014: “El tema de la generación cansada fue el eje central del foro”, explicó la profesora, al destacar la importancia de llevar la reflexión filosófica a los dilemas cotidianos.
Para Castellanos Fajardo, no se trata únicamente de estudiar teorías, sino de aprender a pensar frente a decisiones tan habituales como el uso del celular, la exposición en redes sociales y la necesidad de recibir aprobación de los demás. En ese sentido, el congreso propuso que la filosofía no se quedara en los libros, sino que ayudara a comprender mejor aquello que sucede dentro y fuera del plantel.

Durante la jornada, los estudiantes presentaron ponencias elaboradas en clase y abordaron el agotamiento desde distintas perspectivas. Las intervenciones permitieron examinar la presión académica, las expectativas familiares, la comparación constante en los entornos digitales y la incertidumbre frente al futuro.
El propósito no fue señalar a los jóvenes como una generación débil ni convertir sus dificultades en una etiqueta, sino invitarlos a reconocer sus emociones, revisar sus hábitos y preguntarse qué significa vivir bien en una sociedad que parece exigir resultados inmediatos.
La reflexión también se dirigió a los adultos: comprender a los jóvenes implica escucharlos antes de juzgarlos y acompañarlos sin desconocer sus capacidades para asumir responsabilidades y construir soluciones.

En medio de estas discusiones, Oscar Eduardo Quintero, estudiante del colegio, podría resumir el espíritu del encuentro con una reflexión que conecta el tema central con la experiencia de sus compañeros: “Necesitamos aprender a detenernos, organizar nuestras prioridades y pedir ayuda cuando la necesitamos”. Su planteamiento recoge una de las ideas esenciales del congreso: “el agotamiento juvenil no debe convertirse en una excusa para renunciar a los retos, pero tampoco puede ignorarse como si fuera una señal de incapacidad. Reconocer los límites, fortalecer la disciplina y cuidar el bienestar emocional pueden ser parte del mismo proceso de crecimiento”.
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La mirada de quienes han pasado por las aulas del José Celestino Mutis también aporta elementos para comprender el debate. Édgar Rueda, exalumno de la institución y hoy médico, puede ofrecer una perspectiva desde su experiencia profesional: “Los jóvenes viven rodeados de información y oportunidades, pero también enfrentan muchas expectativas. Es importante que aprendan a cuidar su salud, a manejar el estrés y a entender que no tienen que resolver toda su vida de inmediato”.
Esta reflexión permite ampliar la conversación más allá del entorno escolar y reconocer que el bienestar requiere hábitos saludables, redes de apoyo y adultos dispuestos a orientar. Al mismo tiempo, invita a los estudiantes a descubrir que el futuro no se construye de un día para otro, sino mediante decisiones cotidianas, aprendizajes y metas que pueden ajustarse con el tiempo.

Para Dalgi Esperanza Ortega Suárez, rectora del plantel, el congreso representa una oportunidad para formar estudiantes capaces de pensar y actuar con responsabilidad: “Este espacio nos ayuda a formar mejores personas, porque promueve el respeto, el diálogo y la reflexión sobre nuestras decisiones”, señaló la directiva.
Su visión sitúa la filosofía dentro de una apuesta más amplia por la educación integral, en la que los conocimientos académicos se articulan con la formación ética, la convivencia y el reconocimiento del otro.
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Cuestionar a los jóvenes, desde esta perspectiva, no significa reprocharles sus inquietudes, sino invitarlos a descubrir sus fortalezas, asumir compromisos y encontrar maneras más conscientes de relacionarse consigo mismos y con los demás.
Los resultados académicos también ofrecen indicios del alcance del congreso. La profesora Castellanos Fajardo destaca que “el ejercicio filosófico ha contribuido a mejorar notablemente el desempeño de los estudiantes en lectura crítica en los últimos exámenes de Estado”.
“A este trabajo se suman herramientas contemporáneas que acercan los contenidos a las nuevas formas de aprender: simulaciones digitales, análisis automatizados de textos clásicos y recursos que permiten explorar temas de lógica, ética y metafísica desde situaciones comprensibles para los estudiantes”, dijo.
Sin embargo, el valor del congreso no se mide únicamente en resultados de pruebas. También se expresa en la capacidad de argumentar con claridad, distinguir una opinión de una razón sustentada, reconocer perspectivas diferentes y construir acuerdos sin renunciar al pensamiento propio.
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Al finalizar el XIII Congreso de Filosofía, la pregunta por los “jóvenes agotados antes de empezar” quedó abierta como una invitación a continuar el diálogo dentro y fuera del colegio.
La jornada no pretendió ofrecer fórmulas mágicas para resolver las preocupaciones de toda una generación, sino abrir caminos para entenderlas y transformarlas en oportunidades de aprendizaje.
El reto para los estudiantes es reconocer que sus sueños necesitan constancia, que la tecnología exige criterio y que el éxito no depende de compararse permanentemente con los demás. Para los adultos, el reto es acompañar sin descalificar, orientar sin imponer y enseñar que pedir ayuda también es una forma de valentía.
















