Un parlante y un carrito de mercado son las herramientas de trabajo por estos días para Alejandro Sotomonte, médico veterinario zootecnista y miembro del programa Bienestar Animal Santander, quien puerta a puerta pide alimentos para los albergues de los peludos en la ciudad.




Publicado por: Darlin Ramírez Leiva
Los recorridos de la ambulancia que atiende urgencias animales por toda el área metropolitana, cambiaron para atender una apremiante de verdad: la falta de comida de muchos refugios, también como consecuencia de la situación generada por el Covid-19.
Pero para emergencias como éstas, el médico veterinario zootecnista y miembro del programa ‘Bienestar Animal Santander’ de la Fundación Fanat, Alejandro Sotomonte, es un experto. Su lucha, amor y dedicación a las causas de los peludos, siempre lo han llevado a ingeniárselas para sacar adelante cualquier campaña en pro de estos seres indefensos.
Con el mismo carro que ya le conocen, o con cualquier otro –como le tocó en este momento porque la ambulancia ‘sacó la mano’- va por los barrios con un audio donde perros y gatos son los protagonistas.
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Maullidos y ladridos saludan a los residentes y los convencen de darle concentrado, arroz o granos, para que los animales tengan qué comer. Así, poco a poco, los ciudadanos se asoman a las ventanas y sacan la comida, algunos la bajan con cuerdas y con canastos, una imagen que es la fiel muestra de la solidaridad actual.
“En este momento en que la economía cambió, no es fácil comprar grandes volúmenes de comida para alimentar a los animales, en los refugios viven del diario y este confinamiento los tiene bloqueados”.
“Mediante el audio, captamos y sensibilizamos, tenemos unos costales distintivos que están marcados y la comunidad ha respondido desde sus ventanas, ha dado más resultado de grano en grano, libra por libra y hemos llenado costales para entregarlos. Las personas también han donado del concentrado que tienen en sus casas para sus animales”, precisó Sotomonte.
El motivo que más mueve la labor, es garantizarles a los peludos el mínimo vital de comida diaria que es una ración.
Y así es como poco a poco se han sumado personas de los barrios que han visitado, quienes también se encargan de convencer a sus vecinos de donar alimento para la siguiente semana, cuando el carro y los sonidos de los animales los vuelven a visitar.
Pero el trabajo no termina con la recolección de la comida, continúa incentivando a las personas para que adopten una mascota.
“Hay personas que están prácticamente solas o que el núcleo familiar se compone de 2 o 3 que no han tenido contacto con un animal jamás en su vida. Tal vez temen, algunos nos llaman, hablamos y les damos pautas para que formalicen una adopción de por vida y no sólo por la temporada”.
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La enseñanza para Alejandro y para quienes lo acompañan en estas actividades, es que la sociedad cambia, da más de lo que tiene, se ha visto la hermandad de las personas.
“Sabemos que una libra de arroz puede hacerles falta en la casa, porque sólo compran una vez a la semana... nosotros no lo habíamos visto antes, llamábamos a la gente para que fuera a donar a un parque y era muy poca la que iba, hoy nos dejan esta lección de que no estamos solos en este mundo.
“Nos gusta mucho lo que hacemos. Mientras vamos llenando, sabemos a quienes les vamos a llevar. En las semanas rotamos, para que todos los días podamos llevarle a un albergue diferente... No se les olvide abrir su ventana y sumarse, porque dando hoy, recibiremos mañana”.
Vanguardia y Q’hubo estarán contando las historias de esos héroes anónimos que le están poniendo el alma y el corazón en medio de la crisis actual por la pandemia del coronavirus.
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