El gestor cultural y escritor Luis Álvaro Mejía presenta El desalojo, un poemario que da voz al dolor y la resistencia de quienes han sufrido la violencia en Colombia. A través de versos profundos, la obra retrata el desarraigo, la lucha y la esperanza, convirtiéndose en un grito poético para no olvidar lo que hemos vivido como país.

Publicado por: Paola Esteban
Más allá de su trabajo literario, el gestor cultural y escritor Luis Álvaro Mejía ha sido un activo promotor cultural en comunidades vulnerables. “He visto cómo la cultura puede cambiar vidas”. Lea también: Vórtice: cuando el rugir de los motores sacudió las montañas de Santander
En su momento, cuando ejerció el cargo de director cultural de la Universidad Industrial de Santander conoció a unas jóvenes que llegaron a una zona de invasión después de huir de la violencia. Su madre, fue violada, ellas también y su familia fue destrozada, pero resistieron. Estudiaron en colegios públicos, llegaron a la universidad y, hoy, son doctoras. “Eso es lo que hace la cultura”, dice Luis Álvaro, “abre puertas, incluso cuando todo parece perdido”.
De todas esas experiencias nace el El libro del Desalojo, que presenta este viernes 29 de noviembre en la sede UIS Bucarica, en el salón Río de Oro, a las 6:00 p.m.
El origen del libro no fue sencillo. Mejía comparte que su creación fue un proceso lento, casi ritual, en el que las imágenes poéticas se iban construyendo como ecos de las vivencias de una Colombia rural y herida. “El libro comenzó como un susurro, con amigos que leían los primeros versos y me animaban a darle forma. Después, lo presentamos al programa Cultura con Berraquera. Fue como llevar al papel un espejo de lo que somos y lo que hemos sufrido”.
Pero detrás de las palabras está la realidad cruda. “Quise escribir sobre ese país que vive en los márgenes, donde los campesinos, los indígenas y las comunidades afro han cargado el peso más grande de la violencia. Esos son los desalojados de nuestra historia, los que huyen de sus tierras, de sus vidas, para empezar de nuevo en un lugar que no siempre los recibe con los brazos abiertos”.

La memoria como un acto de resistencia
Para Mejía, la inspiración no solo proviene de su propia experiencia como observador de estas realidades, sino de autores que han dejado huella en su percepción del país. “Recuerdo el libro de Patricia Nieto, Los escogidos*. Es un texto que duele, que habla de cuerpos encontrados en el río Magdalena, de cómo las comunidades los rescataban y les daban una sepultura digna. Esas historias muestran cómo, en medio del horror, la humanidad persiste”.
También menciona las fotografías de Jesús Abad Colorado. “Sus imágenes son poemas visuales. Capturan la dignidad en el sufrimiento, la resistencia en medio del caos. Cuando ves su trabajo, entiendes que la memoria no es solo recordar, es sentir, es vivir esas historias de nuevo para asegurarnos de que nunca se repitan”.
Otro pilar de su obra es *La sombra de Orión*, de Pablo Montoya. “Ese libro es un canto desgarrador sobre lo que pasó en la Comuna 13. Montoya tiene una manera única de mostrar cómo el dolor y la belleza coexisten, y eso fue una gran influencia para mí”.
Publicidad
Para Mejía, escribir sobre la violencia es una forma de sanar, de hacer justicia a las historias de quienes no han tenido voz. “Este libro no es solo mío, es de todas las personas que han perdido algo o a alguien. Es un poema largo con pequeñas imágenes, cada una buscando entrar en la piel de quien lo lee”.
Con la mirada fija en el horizonte, Mejía reflexiona: “El desalojo no solo es físico, es emocional, es espiritual. Es esa sensación de ser arrancado de lo que amas. Pero también es resistencia, porque seguimos aquí, escribiendo, recordando, soñando con un país donde todos tengamos un lugar”.
Luis Álvaro Mejía ve con esperanza el surgimiento de nuevas voces en la literatura santandereana y colombiana. “Conozco a jóvenes que participaron en talleres literarios conmigo. Ellos han vivido el dolor, lo han sentido en carne propia, y ahora lo están transformando en arte. Eso es lo que necesitamos: memoria que construya, no que destruya”.
Menciona con orgullo a Pablo Montoya, escritor santandereano cuyo trabajo ha explorado las profundidades de la violencia en el país. “Montoya es un maestro. Su obra es un faro que ilumina ese camino que debemos recorrer: el de recordar, sanar y nunca olvidar”.
Finalmente, Mejía lanza un mensaje: “La literatura no puede cambiar el pasado, pero puede enseñarnos a construir un futuro. Tenemos que recordar, tenemos que sanar. Solo así podremos, algún día, salir de esta larga noche que nos ha envuelto como país”.
El escritor también destaca su trabajo con literatura infantil. Su libro Prohibido sonreír aborda cómo a los niños, en medio de la violencia, les han robado sus sueños. “La literatura es un refugio. En este libro, los niños se organizan, luchan y recuperan la alegría. Es un mensaje que necesitamos en un país donde la niñez ha sido una de las mayores víctimas”.
En un rincón de Santander, el gestor cultural y escritor Luis Álvaro Mejía ha tejido una obra que captura el dolor, la esperanza y la lucha de una Colombia que a menudo se esconde entre las sombras de la violencia. Su más reciente poemario, El libro del desalojo, es una exploración poética de esas historias que el tiempo intenta borrar, pero que persisten en el corazón de quienes las han vivido.
“Es un libro que nació desde el alma de este país. Cada poema, aunque breve, intenta ser como un grito en medio del silencio, una imagen que permita a quienes lo lean entender lo que significa perderlo todo y, a pesar de ello, seguir adelante”, explica Mejía con la cadencia de alguien que siente cada palabra.
















