La gran maestra Teresita Gómez regresa a Bucaramanga este 3 de julio para ofrecer un recital junto al pianista Pablo Rojas. Esta es una conversación íntima sobre el arte, la infancia, el racismo y el amor por la música.

Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.
Vivió en un teatro hasta los 26 años. No es metáfora. Es literal. Teresita Gómez creció en el Palacio de Bellas Artes de Medellín. Sus padres adoptivos trabajaban allí. Su infancia transcurrió entre salones de ensayo, pasillos en silencio y ecos de piano. A los tres años y medio ya tocaba. A los diez, daba su primer recital.
“No teníamos las condiciones para comprar un piano… pero la vida se encargó de darme lo que necesitaba", cuenta con su voz ronca y firme.
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Ese fue el comienzo. Un talento natural, una voluntad enorme, y una infancia envuelta en música. Así se forjó una de las pianistas más importantes del país.
“Mi papá no solo controlaba todo el edificio; también hacía otros oficios… Era una persona muy completa y muy querida, y me apoyó muchísimo”, dice.
La historia de Teresita Gómez no se puede contar sin esa imagen: una niña pequeña, sentada en un banco que le quedaba grande, tocando de oído lo que oía por las rendijas de las salas de ensayo. Sin recursos para comprar un piano propio y en un contexto social donde su raza y condición no auguraban una carrera artística, su talento se impuso como destino.
“Mi papá estaba muy preocupado… porque nos suele pasar que la hija del portero se vuelve pianista, pero las cosas del destino son así de bonitas".

Y sigue tocando como si tuviera ocho. Con la misma entrega. Con la misma dulzura.
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Este 3 de julio vuelve a Bucaramanga. Ofrecerá un recital en el Teatro Santander. Tocará a cuatro manos con el pianista Pablo Rojas. Será un homenaje al compositor colombiano Luis Antonio Escobar. El programa incluye obras de Brahms, Bach, Hahn y arreglos de Pedro Morales Pino y Elías M. Soto.
“Estoy muy contenta de volver. Bucaramanga siempre me ha acogido muy bien”.
Un paseo por los recuerdos
Teresita no olvida sus raíces. Fue criada por un matrimonio blanco que la quiso mucho. Nunca se sintió extraña en su piel. Pero sabe lo que implica ser una mujer negra en la música clásica.
“El racismo puede cortar algunas posibilidades, pero las que quedan también son muchas. Estoy muy agradecida con mi color. Me ha dado muchas cosas bellas.”
Habla sin resentimiento. De niña, dice, no cargaba con el peso de las cosas tristes: “los niños no tenemos ego. Si nos dan un dulce, ya se nos olvida. Eso es lo que llaman la inocencia para mí”.
Hablar de su vida implica hablar de resistencia. Teresita Gómez ha sido una figura central en la historia de las mujeres afrodescendientes en Colombia, especialmente en el arte. No es que haya vivido el racismo de forma explícita todos los días, pero sí ha sabido reconocer su existencia, sus límites, sus huellas silenciosas.
Fue descubierta por la profesora Marta Agudelo de Maya, quien se convirtió en su primera guía musical. Luego vendrían estudios formales con Ana María Penella, Tatjana Goncharova, Harold Martina y Gilda Ardes. Con ellos forjó no solo una técnica depurada, sino una sensibilidad única que aún hoy estremece a quien la escucha.
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A los 10 años ofreció su primer recital como solista. Más adelante, estudió en la Universidad Nacional y en la Universidad de Antioquia, donde se graduó summa cum laude como concertista y profesora. Después llegaron los escenarios del mundo: Europa, América Latina, las grandes salas y orquestas, las óperas de Medellín y Colombia.
Pero su mayor orgullo es enseñar: “cuando hay momentos de desaliento, hay que volver a tomar las riendas y meterle al estudio mucho amor”, cuenta. No impone. No obliga. Inspira: “A mis alumnos, los que entienden, no los forzo a nada. Hay que dejarles espacio. Casi siempre terminan amando el piano, porque la enseñanza también es un poco de transmisión y de contarles anécdotas y cosas”.
Teresita no se ha dejado deslumbrar por el brillo de la fama. Su mirada sigue anclada a los primeros días, al piano como refugio. “Cuando uno ama, no es lucha. Es disciplina”, dice. “Y cuando hay momentos de desaliento, porque los hay hay que volver a tomar las riendas y meterle al estudio mucho amor.”
En su forma de enseñar también hay ternura y paciencia.
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En escena estará acompañada por Pablo Rojas. Un pianista joven, nariñense, radicado en Viena. Admirador suyo. Juntos interpretarán a cuatro manos. Una conversación entre generaciones. Entre estilos. Entre visiones.

Un regreso esperado: Bucaramanga la recibe
Este 3 de julio, la maestra Gómez volverá a Bucaramanga para ofrecer un recital junto al pianista Pablo Rojas, en el Teatro Santander, a las 7:30 p. m. Será una presentación especial: un concierto a cuatro manos en homenaje al centenario del compositor colombiano Luis Antonio Escobar. El repertorio incluirá obras de Brahms, Bach, Reynaldo Hahn, además de arreglos de Pedro Morales Pino y Elías M. Soto.
Compartirá escenario con Pablo Rojas, un pianista joven, formado en Colombia y Viena, que admira profundamente su trayectoria. Para él, tocar con Teresita es más que un honor: “Es compartir el piano con la historia misma de la música en Colombia.”
El recital, además de rendir homenaje a Escobar, será un acto de comunión entre generaciones, entre lo clásico y lo popular, entre la tradición y el porvenir. Una conversación entre dos cuerpos, dos mentes, dos tiempos sobre un solo instrumento.














