Cultura
Jueves 04 de diciembre de 2025 - 09:30 AM

“El embrujo de la montaña”: cuentos de terror en Santurbán

Un libro de cuentos convierte el páramo de Santurbán en escenario de silbidos de muerte, fantasmas y lagunas encantadas para hablar de crisis ambiental.

“El embrujo de la montaña”: cuentos de terror en Santurbán. Foto suministrada/VANGUARDIA
“El embrujo de la montaña”: cuentos de terror en Santurbán. Foto suministrada/VANGUARDIA

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Publicado por: Redacción Cultural

Silbidos que anuncian la muerte en un camino de herradura, pactos con el diablo en un pueblo sediento y lagunas habitadas por patos de oro en el páramo de Santurbán. Así se arma el universo de El embrujo de la montaña, un libro de cuentos que cruza terror, tradición oral andina y preocupación ambiental sin perder el tono cercano de las historias que se cuentan en familia.

El libro se abre con “El silbido de la montaña”, narrado por una niña que viaja con su padre a un caserío remoto para visitar a la abuela. El trayecto, que empieza entre barro, flores y neblina, cambia por completo cuando encuentran un costal con huesos en medio del camino y el viento trae un silbido largo que congela al pueblo. La figura del Silbón se lleva al padre, pero no rompe el vínculo: la narradora sigue escuchándolo cuando sopla el viento. El cuento conecta duelo, miedo y paisaje sin subrayados, dejando que la montaña hable sola.

Otro de los relatos centrales es “Mateo y el diablo”. Aquí el protagonista ya no es un niño, sino un pueblo entero que se seca a la par de sus creencias. No llueve desde hace meses, los cultivos se pierden y el padre Ambrosio ve cómo sus feligreses dejan de ir a misa. Solo lo acompaña Mateo, un sacristán joven, descalzo, que sueña con estudiar en la universidad y repite que “los pies desnudos se entienden mejor con la tierra”. Ante la desesperación, el cura termina invocando al diablo.

La aparición del demonio rompe el cliché: no viene a ofrecer oro ni fama, sino a decir una verdad incómoda. No es un castigo divino lo que seca la tierra, explica, sino las fábricas que escupen humo, los motores que envenenan el aire, los incendios que arrasan los bosques. El clima y el agua, dice, “bailan al mismo compás” y los humanos rompieron esa coreografía. La solución no pasa por rezar más fuerte, sino por cambiar la forma en que se habita el territorio: sembrar árboles, limpiar ríos, exigir responsabilidad a las empresas. La lluvia vuelve cuando el pueblo empieza a hacerlo.

El páramo de Santurbán es un escenario que se repite y funciona casi como un personaje. En “La laguna de los patos de oro” conocemos a Jacinto, un niño que vive con sus abuelos y su perro Pulgas “en la cima de un páramo gigantesco”. El texto describe con detalle las cumbres que tocan las nubes, los riachuelos que cantan entre las rocas y las luciérnagas que encienden la noche. Ese retrato cuidadoso no es solo decorativo: recuerda que el páramo es un ecosistema vivo y frágil, en riesgo permanente.

“El embrujo nocturno del páramo” pone en el centro a Ana, una mujer de cabello azul a la que sus amigos intentan dejar por fuera de una excursión al Santurbán porque “ya no tiene edad”. Para probar lo contrario, ella se para de cabeza delante del grupo y se monta al bus. En la noche, perdida entre el frío y la niebla, entra en una cueva donde las paredes se llenan de figuras rupestres que muestran un futuro devastado: páramos hechos ceniza, lagunas secas, animales que huyen. La escena funciona como advertencia directa sobre un daño que ya empezó.

El libro también entra en diálogo con los mitos tradicionales. En uno de los cuentos, tres hermanos siguen un mapa hasta un pozo al que se le puede pedir cualquier deseo. Sueñan con recuperar al abuelo desaparecido, pero la ruta se convierte en prueba de resistencia: vegetación espesa, barro que los hunde y ríos pedregosos. Cuando al fin llegan, se encuentran con la Madremonte, una figura cubierta de musgo y ramas, que envuelve el pozo con lianas y lo esconde para siempre. El mensaje es claro: no todo lo que la montaña guarda está ahí para ser explotado.

La memoria del conflicto armado también entra en juego. Un relato recuerda la llegada de hombres armados a una vereda, el saqueo de la iglesia, el tesoro escondido por el cura y la desaparición de Ramoncito, el hijo de una campesina que nunca vuelve. Las calles tranquilas del pueblo se llenan de miedo, las cuevas se convierten en refugio y la búsqueda del tesoro se transforma en metáfora de otra búsqueda mucho más dolorosa: la de la verdad y los desaparecidos.

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En conjunto, El embrujo de la montaña se mueve con soltura entre voces infantiles, abuelas que cuentan historias “que fueron verdad” y personajes que negocian con fuerzas sobrenaturales. Pero detrás de los fantasmas y las leyendas, lo que aparece una y otra vez es lo que hoy atraviesa la vida real en las montañas andinas: la crisis del agua, la destrucción de los páramos, la deforestación y las huellas del conflicto.

Con un lenguaje sencillo, imágenes nítidas y un uso muy consciente del paisaje, el libro se deja leer tanto por jóvenes como por adultos. Para unos, funciona como puerta de entrada a los mitos de la montaña; para otros, como una lectura que recuerda que los territorios también guardan memoria y que el miedo, a veces, es otra forma de decir: “cuiden esto antes de que sea demasiado tarde”.

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Publicado por: Redacción Cultural

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