Daniela Arias no solo ha brillado en la cancha, sino que se ha convertido en símbolo de resistencia frente a las desigualdades en el fútbol femenino. Desde niña desafió estereotipos y, con esfuerzo y determinación, logró llegar al escenario internacional con la Selección Colombia y el Corinthians de Brasil.

Daniela Arias, una guerrera del fútbol nacida en Santander, ha conquistado las canchas con su inquebrantable perseverancia y disciplina. Su pasión la ha llevado a brillar en las grandes canchas de América Latina, destacándose en la Copa América Femenina 2018 con la Selección Colombia y alcanzando la gloria con la Copa Libertadores Femenina junto al Corinthians de Brasil, equipo en el que continúa forjando su leyenda.
Desde temprana edad, Daniela estuvo rodeada del ambiente futbolístico, influenciada por la pasión de su padre por este deporte. Pero no fue sencillo para ella practicarlo libremente.
Siempre ha destacado por su espíritu rebelde y perseverante. Desde sus siete años se enfrentó a barreras en el fútbol, no solo por su talento, sino por los prejuicios de género. “Siempre iba en contra de lo que me decían. Insistía e insistía, y les decía: ‘Por favor, déjenme jugar. Yo sé jugar fútbol’”, recuerda.
Luis Alberto Arias, su papá, participaba en torneos locales de microfútbol, quien jugaba en el famoso torneo “Mil Ciudades” con su equipo Ferretería Popular, donde alcanzó frecuentemente las finales.
Pero su madre, Gladis Rojas, en un intento por desalentar su deseo de jugar, la vestía con vestidos largos y sandalias, pero Daniela no se dejaba detener. Se las ingeniaba para llevar tenis y jugar durante los descansos de los partidos de su padre, siendo la única niña en el campo, pero que destacaba por su talento natural.
Probó tenis, natación y patinaje. Sus padres apoyaron su destreza en cada deporte que llegó a practicar, pero no estaban convencidos de que jugara fútbol, pues en su momento no veían futuro en él por lo poco reconocido que era el fútbol femenino en Santander. Pero ella nunca desistió. Lea también: Christiane Lelièvre, una vida de lucha feminista y enseñanza
No se formó en una escuela y un parqueadero ubicado en inmediaciones de la casa de su abuela, en el barrio Buenos Aires de Morrorico, en la comuna 14, se convirtió en un tipo de cancha en la que Daniela, junto a sus primos, rodaban el balón cada tarde.
También jugaba con niños en el barrio, pero en muchas ocasiones sufrió de rechazo por ser mujer. Algunos se molestaban al ver que jugaba mejor que ellos, lo que la llevó a sentirse excluida en varias ocasiones.
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A veces, los niños me hacían el feo porque les daba rabia que una niña jugara mejor que ellos. Entonces ahí comenzaban los problemas, pues en ocasiones no me dejaban jugar o no me prestaban el balón. Entonces ya tú te comienzas a sentir diferente por ser mujer.

Y fue recién a los 16 años cuando ingresó al Club Botín de Oro, donde empezó su formación técnica desde cero. Pero esto estuvo acompañado de una serie de esfuerzos que le dieron un impulso por las limitaciones en el apoyo que reciben las deportistas en Santander. “Fui mensajera, carnicera, formadora de DMI, trabajé en el Gane, vendí ropa y trabajé con una fundación del Real Madrid. Hice absolutamente todo buscando cualquier opción para seguir cumpliendo sueños”, relata.
El apoyo familiar ha sido fundamental para su fortaleza. “He tenido una familia muy amorosa. Mis papás no me apoyaban mucho con el fútbol, pero siempre me hablaban de lo importante que es ser mujer y me recordaban que nadie era más que yo”, destaca Arias. Aunque sus padres no deseaban que jugara, “estaban ahí a mi lado, y eso fue una base importante”.
Logros y victorias en el deporte
Su carrera profesional comenzó en 2017 con el Atlético Bucaramanga, donde jugó hasta 2018. Posteriormente, en 2019, se unió al Independiente Medellín. En 2020, defendió los colores del Junior de Barranquilla, y en 2021 se incorporó al América de Cali, consolidándose como una de las mejores defensoras del país. Su talento la llevó en 2022 al Club Pachuca en México, donde disputó 23 partidos y anotó un gol.
En 2023, regresó al América de Cali y En 2024, dio un paso significativo al unirse al Corinthians de Brasil, uno de los clubes más prestigiosos de Sudamérica.
Daniela ha sido una pieza fundamental en la Selección Colombia desde 2018. Participó en la Copa América Femenina de 2018 en Chile y en los Juegos Panamericanos de 2019 en Perú, donde obtuvo la medalla de oro. Le puede interesar: Nívea Santarelli Franco: una líder innata en la industria
En 2019, participó en el reality Desafío 2019: súper regiones, una experiencia que la llevó al límite. “Estar sin comida, sin hidratación, incomunicada de mi familia, mirando a la luna sin poder dormir bien... me llevó a un nivel extremo donde sentía que me estaba volviendo loca”, confiesa. Sin embargo, esta vivencia también le permitió crecer: “Acepté muchos errores y aprendí a valorar hasta los detalles más mínimos”.
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En 2024, se coronó campeona de la Copa Libertadores Femenina con el Corinthians de Brasil, consolidando su posición como una de las defensoras más destacadas de la región. Ese mismo año, fue reconocida como la mejor defensa en los premios Bola de Prata del Brasileirão, un galardón que resalta su excelencia en el fútbol brasileño.
Además, su desempeño la llevó a ser elegida como la mejor deportista profesional del año por ACORD, Indersantander y la Gobernación de Santander, un reconocimiento a su impacto tanto a nivel nacional como internacional.
En 2024, también representó a Colombia en los Juegos Olímpicos de París, demostrando su compromiso y contribución al fútbol femenino colombiano en competencias de alto nivel.
Una lucha constante ante los retos
Durante su formación, notó que la vida de una futbolista profesional está llena de desafíos por la presión que tenía solo por ser mujer. “Nosotras estamos en un ambiente donde hay demasiado machismo y muchas veces no creen en nuestro talento. A pesar de eso, seguimos luchando”.
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Las redes sociales agravan este malestar, que las motiva a cuidarse y enfocarse en sus procesos dentro del deporte. “Nos endiosan si ganamos, pero si perdemos, somos las peores del mundo. La crítica destructiva está siempre presente y debemos estar preparadas”, advierte. A pesar de todo, destaca el valor del compañerismo en su equipo, pues son mujeres que tratan de protegerse en una burbuja de intimidad y respeto.
Pero ante estas situaciones, ha buscado priorizar su ejercicio emocional para nunca desfallecer. Cuenta que un pilar clave en su proceso ha sido su entrenadora mental, Lali Bustamante, quien la ha acompañado desde 2019. “Ella ha sido vital en todo este camino. Antes me angustiaba tanto que no dormía si daba un mal pase o no hacía un gol. Creía que todo era mi culpa”, comenta Daniela.

Siento que primero hay que dar pasos con credibilidad. Necesitamos dolientes del deporte y más de la mujer, porque carecemos de oportunidades

Arias subrayó la necesidad de contar con personas que realmente apoyen el deporte, especialmente el femenino. Recordó las dificultades que enfrentan las deportistas emergentes para adquirir los recursos básicos necesarios, desde equipos hasta entrenamientos, que hasta el día de hoy sigue siendo un obstáculo en la región. Lea: Martha Pinto de de Hart: una vida tejiendo progreso para Santander y Colombia
Daniela Arias expresó que sentir la admiración de otras personas le demuestra que su esfuerzo y dedicación han dado frutos. Le llena de orgullo que muchas niñas la tomen como inspiración, aunque su mensaje principal es motivarlas a crear su propio camino y dejar su propia huella. Para la futbolista santandereana no se trata de querer ser como ella, sino de que cada niña construya su propia identidad y visualice un futuro único, tal como ella lo hizo en su momento.















