Desde Santander hasta los altos despachos del país, Martha Pinto de de Hart ha tejido un legado de progreso y esperanza. Con visión, valentía y un corazón comprometido, su vida es una historia de servicio, transformación y amor por su tierra.

Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.
Martha Pinto de de Hart es una mujer destinada a cambiar las coordenadas del progreso. Criada entre la agitada vida de las empresas familiares, Gaseosas Hipinto y Palmas Hipinto, y el ejemplo de un padre visionario, su infancia estuvo marcada por el trabajo arduo y la curiosidad infinita. Martha creció así: entre las burbujas de las gaseosas, el verde de las palmas y los destellos de un futuro que, sin saberlo, ya le pertenecía.
Lea también: Carolina Galvis Villareal: un liderazgo inspirado por la vida
De las aulas del colegio de las Franciscanas, donde las niñas aprendían a soñar con un mundo mejor, Martha dio el salto a la Universidad de los Andes, en Bogotá. Allí, su formación en economía no sólo moldeó su pensamiento analítico, sino que también despertó en ella una visión integral del desarrollo, que luego aplicaría tanto en el sector financiero como en su vocación de servicio social en Bucaramanga. Fue allí donde la economía le robó el corazón y el amor tocó a su puerta. En el último semestre, mientras cerraba los libros y abría las alas, contrajo matrimonio con quien sería su compañero de vida: César de Hart Vengoechea. Juntos, emprendieron un viaje que los llevaría desde Barranquilla hasta Bucaramanga, siempre con el horizonte de la construcción y la familia como faro.

Los primeros pasos de Martha en el sector financiero fueron firmes, casi como si estuviera destinada a caminar entre balances y decisiones. Sin embargo, el llamado del corazón social fue más fuerte. En medio de una crisis económica que azotaba al país en los años ochenta, decidió dejar atrás las cifras frías para sumergirse en el calor de las causas humanas. Con el apoyo incondicional de su esposo, se dedicó a transformar vidas desde el Centro Asistencial de la Congregación Mariana. “Era un trabajo sin sueldo, pero con infinitas recompensas”, recuerda.
La vida, siempre generosa con quienes no temen dar, la llevó a dirigir los Parques Recreativos de Bucaramanga (¿aquí podríamos decir que por invitación del alcalde Alberto Montoya Puyana?), un proyecto que transformó en una red de 12 espacios de encuentro, alegría y esperanza. Allí, entre risas de niños y reuniones con equipos comprometidos, Martha moldeó un legado que demostró que la gerencia también puede ser un acto de amor. “Esos parques eran más que zonas verdes; eran refugios para la familia y barreras contra los males que acechaban a los jóvenes”, comenta con orgullo.

Del sector privado al servicio del país
Pero Martha Pinto no conoce fronteras cuando de servir se trata. En 2002, la vida le presentó uno de sus mayores desafíos: ser Ministra de Comunicaciones durante el gobierno del presidente Álvaro Uribe. En un país atrapado por la inseguridad y el miedo, Martha encontró en la tecnología una herramienta de libertad. Bajo su liderazgo, la telefonía móvil pasó de ser un lujo a convertirse en un derecho, llevando conectividad a los rincones más olvidados de Colombia.
“No fue solo instalar antenas; fue abrir puertas. Cada celular que llegaba a manos de un colombiano era una posibilidad de trabajo, de seguridad, de progreso”, afirma. Y aunque las decisiones no siempre fueron fáciles, como la reestructuración de Telecom e Inravisión, Martha enfrentó cada reto con la convicción de que el bien común estaba por encima de cualquier costo personal.

Después de dejar el Ministerio, Martha regresó a Santander, su lugar en el mundo, para liderar proyectos que unieran al sector público, el privado y la academia desde la Comisión Regional de Competitividad. Su paso por la Presidencia de Camacol y su breve incursión en la política como candidata a la alcaldía de Bucaramanga en 2011 son testimonio de su incansable espíritu de servicio. “Nunca he sido política, pero siempre he creído en el poder de las ideas y el trabajo honesto”, reflexiona.
Hoy, Martha Pinto de de Hart vive una nueva etapa. Con su esposo, sus dos hijos y tres nietos, encuentra en la familia la inspiración que siempre la ha guiado. Sin embargo, su legado no se detiene: en cada historia de progreso que ella ayudó a escribir, su huella permanece.















