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Lunes 09 de septiembre de 2024 - 12:14 PM

El profesor migrante que transformó su vida a través de la docencia y la cocina en Bucaramanga

Un profesor migrante en Bucaramanga ha encontrado en la docencia y la cocina dos pilares para superar las barreras laborales y promover la integración escolar y cultural.

Eduardo Oliveros junto a su hija Melissa. A pesar de los desafíos que enfrentó, como el proceso de convalidación de su título y las diferencias en el sistema educativo colombiano, encontró su vocación en apoyar a los estudiantes migrantes. Su experiencia personal le permitió conectarse mejor con sus alumnos y promover la integración intercultural en las aulas.�� Marco Valencia / VANGUARDIA
Eduardo Oliveros junto a su hija Melissa. A pesar de los desafíos que enfrentó, como el proceso de convalidación de su título y las diferencias en el sistema educativo colombiano, encontró su vocación en apoyar a los estudiantes migrantes. Su experiencia personal le permitió conectarse mejor con sus alumnos y promover la integración intercultural en las aulas. Marco Valencia / VANGUARDIA

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Eduardo Oliveros nació el 7 de septiembre de 1989 en Maracaibo, Venezuela, una ciudad que recuerda como cálida y tranquila desde la época de su niñez. Sin embargo, las memorias de su tierra natal se desdibujaron cuando en 2004 la crisis económica de ese país se hizo evidente en la conocida capital petrolera del país. “La inflación, la falta de servicios, los cobravacunas y la violencia, todo cambió”, evoca.

Siguiendo el legado familiar, Oliveros estudió Licenciatura en Matemáticas en la Universidad del Zulia. Desde mayo de 2012, año en el que recibió su título, su ejercicio profesional ha estado marcado por el trabajo con población vulnerable, en grupos de casi 40 estudiantes por salón. “Las experiencias duras de maltrato se hacen más evidentes en las aulas de clase, y como maestro uno aprende a usar distintas estrategias para acompañar a los estudiantes, pero esto no te lo enseñan en la universidad”, explica.

Mientras tanto, la crisis económica, que fue creciendo paulatinamente con el paso de los años, lo llevó a un punto de inflexión en 2015 cuando descubrió que como mesero podría ganar tres veces el sueldo que recibía como maestro, que en esa época era de 320 bolívares, mientras el desabastecimiento de alimentos y su costo aumentaban. “Con el dolor de mi alma, dejé la docencia”, recuerda Oliveros, quien reunió 700 mil pesos colombianos para migrar de su país. “Escogí Bucaramanga porque mi abuela es colombiana, y gracias a eso tuve la oportunidad de nacionalizarme”, agrega.

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Publicado por Vanguardia en Martes, 20 de agosto de 2024

El reto de la integración escolar de la población migrante en Bucaramanga

El 26 de julio de 2016, Eduardo llegó a Medellín, donde comenzó lo que denomina ‘la carrera de todo migrante que quiere ejercer’, es decir, el proceso de convalidación de su título universitario. Este proceso es un reconocimiento formal que otorga el gobierno a los títulos de educación superior emitidos por una institución extranjera. Según Oliveros, esta es una de las barreras más grandes para la población migrante, pues implica un gasto que actualmente podría variar entre 200 y 300 dólares, aproximadamente.

Entre procesos y necesidades por cubrir, logró emplearse en 2017 como docente en el Colegio Fe y Alegría de Los Colorados, donde tuvo que adaptarse a una nueva realidad, pues asegura que el sistema educativo colombiano es muy diferente al de su país. “Aquí, el nivel de exigencia es muy alto, y las temáticas se distribuyen de forma distinta. Por ejemplo, los estudiantes de grado 11 ven en su pénsum límites y derivadas, un tema que yo estudié en la universidad”, describe.

De esta manera, ‘El Profe Eduardo’, como se le conoce en la comunidad educativa, se convirtió en un apoyo vital para los estudiantes migrantes que, según él, aumentaron en cantidad entre 2018 y 2019. “Al ser migrante, tenía la capacidad de acercarme a ellos de mejor manera, por lo que comencé a ofrecer clases extra para ayudarles a nivelarse”, indica.

Para Oliveros, las dificultades que enfrentan los menores para adaptarse a un nuevo sistema educativo son múltiples e incluyen la falta de conocimientos conceptuales, responsabilidades adquiridas a temprana edad, estancias temporales en las escuelas y realidades económicas complejas. “Un estómago vacío no permite el desarrollo adecuado del proceso de aprendizaje. Además, al principio, la población era muy nómada y era difícil tener un control total del proceso del niño”, agrega.

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Adicionalmente, ‘El Profe’ convertía las aulas de clase en escenarios de integración y trabajo colaborativo, donde los estudiantes colombianos y migrantes compartían sus vivencias y experiencias. “Es una manera de promover la interculturalidad y fomentar, además, la participación de los padres, lo cual es vital en el proceso de adaptación de las familias. Hoy en día, podemos decir que los niveles de xenofobia han disminuido en las aulas”, comenta.

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En 2022, Oliveros combinó su amor por la cocina y su conocimiento matemático para crear “Los Postres de Melissa”, un negocio de postres que refleja su capacidad de adaptación. �Foto: Marco Valencia / VANGUARDIA.
En 2022, Oliveros combinó su amor por la cocina y su conocimiento matemático para crear “Los Postres de Melissa”, un negocio de postres que refleja su capacidad de adaptación. Foto: Marco Valencia / VANGUARDIA.

Conozca ‘Los Postres de Melissa’, emprendimiento de migrantes en Bucaramanga

“Las matemáticas me han ayudado mucho en la cocina”, dice Eduardo, pues desde 2022 se dedica a la venta de postres para generar un ingreso extra y suplir las necesidades de su hogar. “Mi papá tenía un carrito de comida en Maracaibo y siempre quiso enseñarnos. Al principio no quería, pero desde que migré y tuve que vivir solo, me fui acercando poco a poco a la cocina”, recuerda.

‘Los Postres de Melissa’, como llamó a su emprendimiento en honor a su hija de cuatro años, cuenta con un amplio menú de postres tradicionales venezolanos y otras propuestas innovadoras que combinan ambas culturas, y que hoy en día son populares en el barrio Colorados. Quesillos de diferentes sabores, torta de mantequilla, torta imposible, hojaldres, donas, tres leches y el popular ‘cachito’ o pan de jamón, que en la tradición venezolana se disfruta durante las fiestas decembrinas. “Recuerdo que en una temporada de diciembre llegamos a vender 75 panes”, resalta el maestro.

Eduardo Oliveros, profesor y emprendedor migrante que actualmente reside en Bucaramanga. Foto: Marco Valencia / VANGUARDIA
Eduardo Oliveros, profesor y emprendedor migrante que actualmente reside en Bucaramanga. Foto: Marco Valencia / VANGUARDIA

Según Oliveros, el éxito de su propuesta está relacionado con los ingredientes que utiliza, la mayoría de origen venezolano. Además, se dio a la tarea de conocer a fondo los gustos de los bumangueses para integrarlos en sus preparaciones tradicionales. “La diferencia radica en el sabor. Al bumangués no le gusta mucho lo dulce, y las recetas venezolanas permiten jugar con esos balances para ofrecerles experiencias que no existen en el mercado”, insiste.

De igual manera, el astuto maestro hace uso de la cocina para armonizar sus espacios de clase. “Las matemáticas y la cocina van muy de la mano y siempre trato de animar a los estudiantes con mis preparaciones y celebrarles sus fechas especiales”, relata. Si usted se encuentra interesado en conocer este emprendimiento, puede comunicarse al WhatsApp: 3172324666.

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