Amazonas es un estado donde el Eln se ha convertido en un actor clave de la explotación de oro y coltán del arco minero venezolano.

Publicado por: Ángela Castro Ariza
Desde hace décadas la frontera entre Venezuela y Colombia ha sido una zona de guerra. La línea fronteriza más ‘caliente’ de América Latina.
Los cerca de 2.200 kilómetros de frontera compartida han sido escenario de una lucha entre las Farc, el Eln y grupos criminales que se han disputado rutas y rentas derivadas especialmente del narcotráfico, la minería y el contrabando de combustible.
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Una ‘guerra de todos contra todos’, que se ha recrudecido en los últimos años con un nuevo actor surgido del posconflicto, las disidencias de las Farc, llamadas la Segunda Marquetalia, dejando como saldo homicidios, desapariciones, reclutamiento de menores y desplazamiento forzado. Es decir, civiles atrapados en medio del fuego cruzado.
Arauca, por ejemplo, es uno de los departamentos fronterizos más azotados por el conflicto tras el Acuerdo de Paz firmado entre la extinta guerrilla de las Farc y el Gobierno en 2016. Tan solo en 2022 ya se han reportado varias masacres y el aumento de los desplazamientos.
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