miércoles 27 de marzo de 2019 - 12:00 AM

No más terror en las redes sociales

En la actualidad, las redes sociales generan impacto mediático sin precedentes alrededor del mundo, a medida que el mensaje terrorista en línea avanza por el ciberespacio con un gran poder propagandista.

Les imploro, digan los nombres de aquellos que murieron en lugar del nombre de quien los mató. Él es un terrorista. Es un criminal. Es un extremista. Pero, cuando yo hable, él no tendrá nombre”.

Las emotivas palabras de Jacinda Ardern, primera ministra de Nueva Zelanda, ante el Parlamento de su país tenían un significado particular: privar de la fama al autor de la matanza de 50 personas en dos mezquitas de la ciudad de Christchurch, el pasado 15 de marzo.

Pero ya el atacante, un supremacista blanco, había trasmitido la masacre, la peor que ha sacudido al país de Oceanía, por Facebook Live. Diecisiete minutos de terror. El video no tardó en hacerse viral al pasar luego a Twitter, YouTube, Whatsapp e Instagram, antes de que fuera retirado.

Este episodio pone de manifiesto como el uso de las plataformas digitales han abierto una peligrosa ventana para la difusión de este tipo de actos violentos, y como las redes sociales se han convertido en caja de resonancia de fácil acceso para la propaganda terrorista.

De allí, que expertos en la materia coincidan en señalar que la batalla contra el terrorismo del siglo XXI se libra en Internet.

Suelen Castiblanco, docente de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad de La Salle, asegura que lo que mostrado la primera ministra neozelandesa al vetar el nombre del terrorista, un australiano de 28 años, y centrar la atención en las víctimas, “es una clase magistral de como un país debe reaccionar frente a una situación como esta”.

Destaca, además, las acciones concretas que adoptó Ardern tras la masacre, prohibiendo el uso de las armas semiautomáticas.

Aunque en teoría es una buena idea, Óscar Palma, docente de la Facultad de Ciencia Política, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario, considera que no es fácil ejecutarla, porque los medios se encargaron de filtrar el nombre del agresor mucho antes, incluso su pensamiento y su manifiesto de 74 páginas en el que reivindica su ataque.

“Es una buena idea en términos de la lucha antiterrorista, procurando no hacer eco de sus actos o de su pensamiento, el problema es que hacerla efectivo es muy difícil en un medio donde el Internet es de libre acceso”, opina el experto.

Desafortunadamente, es una forma de los terroristas de sumar ‘logros’, además del impacto mediático, explotando las ventajas que ofrece el Internet.

Papel de difusión

En efecto, Castiblanco enfatiza que los medios de comunicación han jugado un papel muy importante en la difusión del mensaje terrorista, aunque recuerda que no es un fenómeno reciente, refiriéndose a los primeros actos del Estados Islámico, donde el grupo islamista transmitió vía YouTube una serie de ejecuciones.

En esa línea, Palma apunta que realmente el terrorismo recurre a los medios y las redes para enviar su mensaje y de esta manera, tratar de reclutar más personas, es decir, acercar a más adeptos a su misión.

Es más, subraya que lo que se observa actualmente en las redes y el ciberespacio, es la versión moderna de lo que siempre ha ocurrido con organizaciones violentas que buscan acercarse a la gente para esparcir su propaganda.

Según él, “el ciberespacio trae una ventaja extra y es que permite una difusión a todo el mundo, espacios ilimitados y geografía diferentes”, con incluso la capacidad del secreto detrás de los mensajes de aquellos que comparten ideas radicales, y que escapan al radar de las autoridades.

Víctor De Currea-Lugo, analista y profesor universitario, tiene otra mirada con relación al tema, y plantea tres ejemplos importantes en el mundo sobre construcción mediática en los medios de comunicación: el fascismo, el sionismo y el Estado Islámico.

A renglón seguido, describe que en esos tres ejemplos se juntan básicamente “mensajes muy simples, mensajes muy psicológicamente planeados que responden a impulsos de la gente y no a ideas, y en donde se construye un enemigo”.

Y sobre eso, “se obra casi de la misma manera, con un gran despliegue publicitario, la convicción mediante un mensaje simplista de unos buenos y unos malos”, sostiene De Currea-Lugo.

Propagación y fallas

Ahora bien, Castiblanco menciona que en el caso de Nueva Zelanda, hay un llamado urgente y se retoma una preocupación importante, y es cómo las redes sociales son en determinado momento incapaces de desmontar este tipo de contenidos, tal y como ocurrió con el video del terrorista, “hay una propagación a nivel global”.

Si bien las redes no han tenido un papel directo y deliberado, estima que sí lo han sido de forma indirecta en la medida en que ha mostrado fallas de seguridad y de alguna manera, por su renuencia a tomar medidas que aunque puedan resultar impopulares, pueden hacerlas más seguras.

El ideal, a juicio de Palma, es que los medios y las redes no difundieran lo que está pasando con los actos terroristas, pero justamente los terroristas se alimentan de ellos porque dan a conocer su mensaje, “a través del cubrimiento de la noticia, queda expreso tácito de que ellos existen como tal”.

Sin embargo, advierte que se plantea un debate complicado en torno al derecho a la libre expresión y la información, entonces hay un balance muy delicado entre la libertad de expresión, la censura y los actos terroristas, no es fácil para una sociedad democrática entrar a regular el contenido en Internet.

Lea además: ‘Jacinda manía’

$!No más terror en las redes sociales
¿AutorRegulación?
Mario Morales, analista y profesor de la Universidad Javeriana, señala que no solo es pertinente poner la mirada a las redes sociales, que son solo una plataforma con la que se pueden hacer buenas y malas cosas, sino también definir que el problema real es que estas sirven como caja de resonancia.
“El problema central está en el ambiente contaminado que está viviendo en el mundo, insuflado por los líderes políticos, que entendieron esa perversa lógica de que la gente es maleable” cuando está molesta, dice. A su modo de ver, “la semilla está en los líderes políticos que están sembrando el odio, la venganza, la rabia y la eliminación del otro”.
“Unos disparan balas de verdad, otros disparan balas en las redes sociales, en los medios de comunicación, en las calles”, manifiesta el experto, quien sugiere un papel de autorregulación de los medios y las plataformas digitales, los cuales no deben servir como caja de resonancia, porque “lo que busca el terrorista con bombas, balas, imágenes o palabras, es exacerbar las emociones y generar los miedos”.
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