Hoy, la exigencia de los ciudadanos a quienes son sus representantes políticos locales, regionales y del orden nacional, así como a las entidades públicas, está en unir esfuerzos porque se le de máxima prioridad a tener acceso a infraestructura de calidad en diversas partes del departamento Santander y sus municipios.
El Grito Comunero de 1781, ocurrido en Socorro, Santander, nos evoca la manifestación por darle un sentido a lo que den prioridad para transformar a las regiones. Hoy, en el 2024 más de dos siglos después, ese espíritu sigue vivo en las demandas de los territorios y los ciudadanos desde diversas regiones del país que claman por el cierre de brechas sociales y económicas frente a las carencias en infraestructura es lo que resuena con fuerza en la Colombia contemporánea.
Hoy, la exigencia de los ciudadanos a quienes son sus representantes políticos locales, regionales y del orden nacional, así como a las entidades públicas, está en unir esfuerzos porque se le de máxima prioridad a tener acceso a infraestructura de calidad en diversas partes del departamento Santander y sus municipios. La falta de inversión en carreteras, transporte, energía, telecomunicaciones y otros servicios esenciales ha perpetuado las brechas de desigualdad entre las regiones urbanas y rurales. En este sentido, el grito comunero de hoy puede verse en las voces que claman por una infraestructura adecuada, que les permita a las comunidades integrarse de manera más efectiva en la economía nacional y mejorar su calidad de vida.
La infraestructura como clave del desarrollo social es uno de los pilares fundamentales, ya que proporciona los medios para acceder a servicios esenciales como educación, salud y empleo. Sin una infraestructura adecuada, las comunidades quedan aisladas y tienen menos oportunidades de prosperar. La falta de carreteras pavimentadas, transporte público eficiente, o acceso a internet de alta velocidad son barreras que limitan el desarrollo en Colombia, perpetuando un ciclo de pobreza y desigualdad. Hoy, las demandas que resonaban en el Grito Comunero—el acceso justo a los recursos y la equidad económica—se traducen en una lucha por la infraestructura que conecta a las comunidades con los mercados, servicios y oportunidades.
Las áreas rurales y muchas regiones apartadas de Santander y de Colombia siguen enfrentando condiciones de desigualdad que se deben, en gran parte, a la ausencia de infraestructura básica, sumada a la indiferencia de quienes fueron elegidos como representantes locales, regionales y nacionales por construir un proyecto de visión de conjunto que se sume a los esfuerzos que los gobernantes del territorio para concentrar esfuerzos y traer recursos que sean invertidos en la transformación de la escasa infraestructura que se tiene en el 2024, Santander ocupa el puesto 13 en el pilar de infraestructura del Índice Departamental de Competitividad (IDC) que se ve representada a ocupar el puesto 12, y conectividad, donde está en el puesto 15.
Así como los comuneros exigían justicia y un trato equitativo hace más de dos siglos, hoy el desarrollo social y económico de Santander y Colombia pasa por asegurar que todas las regiones, sin importar cuán remotas sean, cuenten con los servicios y la infraestructura necesarios para prosperar. Solo entonces podremos avanzar hacia un modelo de desarrollo verdaderamente inclusivo y sostenible, en el que los principios de justicia e igualdad, que impulsaron el Grito Comunero, se hagan realidad.











