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Columnistas
Viernes 13 de septiembre de 2024 - 03:04 AM

¿Y para la educación qué sigue?

Por fortuna vimos un escenario de debate donde brilló unidad y esperanza sobre el futuro, más allá de un presidente, y más bien soportado en los distintos territorios del país, en las altas cortes, en la academia y en las nuevas reflexiones del sector productivo.

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Extraordinario evento de la asociación nacional de empresarios ANDI, en el que celebraban 80 años de aporte al país. Destacable la cantidad récord de personas, pero en especial la profundidad de los temas debatidos en función del futuro de país. Triste y diciente, que por segunda vez consecutiva el Presidente de la República no haya asistido al cierre, para delinear lo que sigue de su gobierno. Quizás refleja tácitamente la importancia que le da al sector productivo y que no es coherente ni con los llamados a construir acuerdos nacionales, ni al propósito de darle confianza al sector empresarial.

Por fortuna vimos un escenario de debate donde brilló unidad y esperanza sobre el futuro, más allá de un presidente, y más bien soportado en los distintos territorios del país, en las altas cortes, en la academia y en las nuevas reflexiones del sector productivo. Los mensajes más importantes hablan de recuperar la seguridad, el control territorial y la convivencia, proteger nuestras instituciones, trabajar juntos por la equidad y prosperidad, una inquietud de fondo por el deterioro reciente de la salud y de la seguridad energética, la búsqueda de la integridad y preparar el futuro del país para las nuevas tecnologías.

En este marco hablamos sobre el futuro de la educación como pilar fundamental de estos caminos. Al respecto se anticipa un sistema educativo que debe renovar su liderazgo, asumir riesgos y enfrentar desafíos nunca antes vistos, con espíritu de continuidad (para preservar la identidad de la academia) y de apertura al cambio (para no caer en el riesgo de inviabilidad). Hoy la educación enfrenta los desafíos económicos de menores niveles de ahorro y con ello de menor financiación (pública y privada); los desafíos demográficos que para 2050 la población se concentrará entre los 35 y 50 años con menos jóvenes, menos matrículas y miles de instituciones educativas cerradas; y los desafíos tecnológicos de que en los próximos 20 años la sociedad cambiará más que en toda su historia.

Así las cosas, nos preparamos para un modelo de educativo que fortalezca su capacidad para que los jóvenes piensen críticamente, actúen éticamente, se hagan las preguntas que son y sean más empáticos. Modelos educativos más flexibles y personalizados que construyan estrategias de aprendizaje para toda la vida, más ciclos cortos y una fortalecida educación terciaria, y un sistema de ciencia y tecnología más imbricado a la innovación y el emprendimiento. Proyectos escolares que construyan proyectos de vida personales en donde se fortalezcan las competencias socio humanísticas y la formación ética y en valores. Y mucha más tecnología al servicio de estos propósitos, donde ella no sea el fin, sino un medio para aprender y finalmente maestros que sean más coreógrafos del aprendizaje que dueños de verdades. Un modelo que enfatiza en el derecho a educarse pero también en los deberes de los actores del sistema.

La invitación a las instituciones es a que estemos prestos a reinventarnos, a reaprender, a aliarnos, a asumir riesgos.

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