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Sábado 08 de febrero de 2025 - 12:15 AM

Fracaso en vivo

Lo ocurrido el 4 de febrero no es menor. El presidente, asesorado quién sabe por quién, apostó por un ejercicio de transparencia pública que le salió muy mal, no solo para la imagen del gobierno, sino para todos los colombianos.

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Los trinos, memes y burlas no se hicieron esperar. Las redes sociales se inundaron mientras avanzaba el primer consejo de ministros televisado, donde el presidente y su gabinete evidenciaron un gobierno fracturado.

Lo ocurrido el 4 de febrero no es menor. El presidente, asesorado quién sabe por quién, apostó por un ejercicio de transparencia pública que le salió muy mal, no solo para la imagen del gobierno, sino para todos los colombianos. Tras presenciar el bochornoso consejo de gobierno, que más parecía un cara a cara de “protagonistas de novela”, me quedaron tres conclusiones y una propuesta.

Primera: El presidente admitió el fracaso de su gestión, reconociendo el incumplimiento de casi el 80% de sus promesas y dejando claro que el cambio prometido no ocurrió, mientras divagaba en reflexiones filosóficas irrelevantes. Esta ‘mea culpa’ desmonta su narrativa de un golpe blando orquestado por el centro y la derecha. Al país le quedó claro, por boca del propio presidente, que nunca hubo intentos golpistas y que las críticas de los medios, la oposición y el sector productivo eran legítimas.

Segunda: Falta de liderazgo. Un verdadero líder no expone a su equipo, y menos cuando hay fracturas tan graves. Debe conciliar internamente, no exhibir las diferencias en público, dándole munición a sus opositores. Lo ocurrido con la vicepresidenta y la ministra Susana Muhamad fue un error político enorme. Aplaudo su valentía, pero como dicen las abuelas: “la ropa sucia se lava en casa”.

No hay gabinete porque no hay un gobierno cohesionado. Solo desorganización, incompetencia, un presidente aislado y dos bandos enfrentados por su favor. Este grupo, que difícilmente puede llamarse gabinete, tiene en sus manos el destino del país.

Tercera: Desconexión total con la realidad del país. Del consejo de ministros no salió ninguna propuesta o estrategia de gobierno clara. Mientras el Catatumbo y el Cauca arden y el sistema de salud colapsa, el debate se redujo a frases como: “Laura está diciendo mentiras, Presidente”; “Yo a usted lo amo, Presidente”; “Presidente, póngame atención”; “La cocaína no es más mala que el whisky”; “No se ha entrado al Plateado por falta de decisión articulada del Gobierno”. Fue más importante discutir sobre Sarabia y Benedetti que los problemas urgentes del país.

En medio de la cascada de renuncias tras este vergonzoso consejo, faltó una: la del presidente. Esto me llevó a proponer una consulta popular, de esas que tanto le gustan al mandatario, para que los ciudadanos decidan si quieren o no que renuncie antes de 2026. No es una revocatoria al mandato ni una reforma al periodo presidencial, es simplemente un ejercicio democrático pacífico para que el país se manifieste sobre la gestión de Gustavo Petro.

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