Nadie da razón de las luminarias que se perdieron en las propias barbas de la administración.
Si algo le faltaba a la historia de las luminarias que se perdieron en las bodegas de alumbrado público de la alcaldía de Bucaramanga, el anuncio de que uno de los implicados estaría negociando un principio de oportunidad llegó para ponerle picante. El fin de semana la noticia se regó como verdolaga en playa.
Con el principio de oportunidad la Fiscalía renunciaría a la posibilidad de adelantar la acción penal suspendiéndola, interrumpiéndola o renunciando a ella a cambio de que el implicado colabore eficazmente en la investigación, aporte pruebas para incriminar a los demás procesados y se convierta en testigo de cargo.
De llegar a concretarse, el asunto se pondría color de hormiga. Las versiones que se han conocido comprometen a funcionarios, exfuncionarios, contratistas y excontratistas de la administración municipal, a exconcejales, y al cuñado y a la esposa del alcalde. Los involucrados deben estar bastante preocupados. No es para menos.
Al alcalde la noticia lo cogió en plenas vacaciones. Hasta el momento, seguramente por recomendación de sus abogados, no se ha pronunciado. Los implicados tienen derecho a defenderse, incluso guardando silencio; y no hay que olvidar que hasta que no haya una decisión judicial en firme que los condene, los ampara la presunción de inocencia, una garantía que a muchos les cuesta trabajo aceptar y reconocer.
Lo cierto es que hay que dejar que la investigación siga su curso. Confiar en que se haga con el rigor que demandan hechos de tanta trascendencia y aguardar a que el principio de oportunidad no se use como estrategia para eludir la responsabilidad penal o como fuente de ilícitas exigencias. Mucho menos que se utilice con fines electorales aprovechando que el proceso por doble militancia que se sigue contra el alcalde podría derivar en elecciones atípicas.
Este fin de semana, además, se supo que la Procuraduría General de la Nación profirió pliego de cargos contra dos concejales de Bucaramanga. Se dijeron de todo en pleno salón de plenarias, se provocaron mutuamente y faltó poco para que se dieran en la jeta. Las imágenes que se conocieron los dejan muy mal parados. La sanción, si se da, debe ser ejemplar para ambos.
Mientras nadie da razón de las luminarias que se perdieron en las propias barbas de la administración, a los dos concejales se les fueron las luces. Aquellos elementos se traspapelaron por falta de control en los inventarios. Alguien conocía al detalle esa debilidad y sacó provecho de ella. Lo de los concejales, en cambio, es distinto, más complejo y de fondo. Hace rato que en las sesiones del Concejo aquello del respeto, el decoro y las buenas maneras es más bien escaso.












