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Sábado 05 de abril de 2025 - 12:38 AM

Explorar con estudios, no con prejuicios

La conversación no puede estar secuestrada por la desinformación. En un país donde abundan las fake news y los discursos apocalípticos, es clave volver al dato, al estudio, a la evidencia.

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Colombia necesita reabrir con urgencia y sensatez la conversación sobre la exploración de yacimientos no convencionales. No desde el prejuicio ni desde el activismo con intereses no del todo claros, sino desde la ciencia, la técnica y la experiencia. La reciente asamblea organizada el jueves de esta semana por Prosantander en Bucaramanga fue un valioso ejemplo de cómo debe abordarse este debate: con voces diversas, argumentos sólidos y sin dogmas.

Allí estuvieron presentes mandatarios locales como el alcalde de Puerto Wilches, representantes de los trabajadores encabezados por el presidente de la Unión Sindical Obrera, exfuncionarios con experiencia técnica como un expresidente de la ANH y dos exministros de Minas y Energía, además de gremios como la Asociación Colombiana del Petróleo y el Gas, y líderes políticos de distintas ideologías. Así se construyen discusiones democráticas y responsables ante un público calificado de la masa crítica del empresariado, el gobierno departamental y la academia.

La conversación no puede estar secuestrada por la desinformación. En un país donde abundan las fake news y los discursos apocalípticos, es clave volver al dato, al estudio, a la evidencia. Las experiencias internacionales existen: el Permian en EE.UU. y Vaca Muerta en Argentina son casos exitosos de desarrollo de yacimientos no convencionales con fracturación hidráulica bajo controles técnicos y ambientales. Negarse incluso a estudiar estas alternativas es un lujo que Colombia no puede darse, sin que por supuesto se omitan las aproximaciones científicas que puedan llegar a controvertir estas técnicas.

No se trata de elegir entre los hidrocarburos y la vida en el planeta. Esa es una dicotomía falsa que impide pensar con claridad. La transición energética, por definición, es gradual. Y en ese tránsito, Colombia necesita recursos. Recursos que hoy provienen principalmente del petróleo y del gas. Sin ellos, el desarrollo de energías renovables será lento, débil y dependiente. No podemos, además, proponer dejar de extraer gas y mientras tanto sí pasar a importarlo a otros países que además lo obtienen por técnicas de fracturación, a costos más altos para los hogares y con una huella de carbono más profunda al pensar en la logística de su transporte.

La discusión sobre yacimientos no convencionales no puede limitarse a las trincheras ideológicas. Tiene que ser una conversación nacional, técnica, social, ambiental y económica. Incluir al gobierno, sí, pero también a los trabajadores, las comunidades, la academia, los productores y los gremios.

Santander tiene un rol clave. Ya se han hecho estudios. Ya se conocen los riesgos y los potenciales. Si allí se demuestra que es posible avanzar con responsabilidad, le irá bien no solo al departamento, sino a Colombia en su propósito de garantizar soberanía energética para las próximas décadas.

No renunciemos al derecho de explorar nuestro futuro. Pero hagámoslo con estudios, no con eslóganes. Con diálogo, no con gritos. Con datos, no con miedo.

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