Publicidad

Columnistas
Domingo 06 de abril de 2025 - 12:28 AM

Fracking en español

Quienes se oponen al fracking dicen que lo mejor es dejar el gas bajo tierra, pero ¿con qué cocinamos entonces? ¿Qué prende las térmicas cuando no hay agua ni sol? ¿Quién pagará la diferencia cuando toque importar más?

Compartir

Nos han repetido una y otra vez que el fracking es malo. Que hay que prohibirlo. Pero detrás de ese mantra ambientalista hay una pregunta que pocos se atreven a hacer con sinceridad: ¿y si no lo hacemos, qué pasaría?

La respuesta no es tan poética como algunos discursos: sin fracking, Colombia puede quedarse sin gas, sin petróleo y sin plata para salud, educación y obras. Así de claro. Hoy producimos menos hidrocarburos que hace unos años. Tanto, que ya estamos importando gas a precios entre dos y cuatro veces más caros que los nuestros. Las facturas del gas han subido hasta un 30%. Y si seguimos así, seguirán subiendo.

Quienes se oponen al fracking dicen que lo mejor es dejar el gas bajo tierra, pero ¿con qué cocinamos entonces? ¿Qué prende las térmicas cuando no hay agua ni sol? ¿Quién pagará la diferencia cuando toque importar más? Porque eso, aunque se maquille con eslóganes, también tiene un costo ambiental, económico y social.

La verdad es que Colombia está sentada sobre una oportunidad: yacimientos no convencionales de gas y petróleo, especialmente en regiones como Santander. Y para aprovecharlos necesitamos fracking. Sí, esa palabra que ya se ha usado más de 2 millones de veces en el mundo, en países que no suelen jugar con la salud de su gente: Estados Unidos, Canadá, Argentina, China.

¿Se puede hacer bien? Claro que sí. Con tecnología, reglas claras, monitoreo ambiental y participación ciudadana. El problema no es el método, sino cómo se aplica, y al hacerlo, estaríamos ganando. Se estima que hay hasta 10 veces más gas y 15 veces más petróleo en estos yacimientos que en los pozos actuales. Solo un proyecto piloto en Santander podría producir 100.000 barriles diarios, más del doble de lo que hoy produce todo el departamento. Eso se traduce en empleo, inversión en vías, escuelas y hospitales. Una economía con energía.

Y eso sin hablar de las finanzas públicas. Hoy, el petróleo y el gas representan el 20% del presupuesto nacional. Si cerramos esa llave, ¿de dónde saldrá el dinero para los subsidios, la educación, la salud? La famosa “transición energética” suena muy bien, y es necesaria, pero también es carísima: solo en paneles, redes y baterías, Colombia necesita invertir entre el 8% y el 11% de su PIB cada año.

Es hora de ver lo que hay detrás de los discursos bonitos. Muchos de quienes se oponen al fracking no proponen soluciones, sino consignas para recoger votos. El fracking, más que amenaza, es una herramienta. Y como toda herramienta, puede usarse bien o mal. Pero no usarla por miedo o por ideología es, simplemente, condenarnos al atraso.

Publicidad

Publicidad

Tendencias

Publicidad

Publicidad

Noticias del día