Vanguardia me dio la bienvenida al empleo formal y con esta actividad de distribución y cobro del periódico impreso, pagar mi libreta militar y matricularme sin problemas en la UIS.. Repartía alrededor de 200 periódicos diarios, ¡lo digo con orgullo!
Crecí alrededor de la UIS y del estadio Alfonso López, hoy Américo Montanini, apoyando al Atlético Bucaramanga. En nuestra cuadra, donde solo dos vecinos estaban suscritos a Vanguardia, de niños mis hermanos y yo pedíamos prestado el periódico a ellos para leerlo y algunas veces reuníamos monedas para comprarlo con esfuerzo, hecho esto enseguida devorábamos sus páginas hasta las propagandas. Para nosotros, los columnistas de la época eran vistos como personas muy importantes e inalcanzables por su influencia y poder.
En el año 1987, graduado de mi bachillerato con 18 años, recibo dos noticias que marcaron mi vida: pasé a la UIS y por esto debía pagar mi libreta militar. Y sin un peso en el bolsillo, la solución era buscar trabajo. Mi tía Paulina me dice que en Vanguardia recibían hojas de vida de jóvenes bachilleres, y que el requisito era tener bicicleta para repartir periódicos en la madrugada y que ella me vendía a cuotas la cicla de mi primo Mauricio.
Así, Vanguardia me dio la bienvenida al empleo formal y con esta actividad de distribución y cobro del periódico impreso, pagar mi libreta militar y matricularme sin problemas en la UIS.
Repartía alrededor de 200 periódicos diarios sin importar el clima, trabajé siempre en el sector de Cabecera y San Pio, ¡lo digo con orgullo! Tanto que, gracias a mi responsabilidad y buenos resultados de cobro, con el tiempo obtuve la ruta más corta de la ciudad, tan solo 6 cuadras, repartía el primer periódico en el predio donde hoy funciona el Mc Donald’s de San Pio, que antes era la casa del doctor Enrique Barco Guerrero, quien fuera un reconocido político conservador de mi Bucaramanga y la región. A continuación, subía por la calle 45 y tomaba toda la carrera 39 para terminar el recorrido en Torres de Cabecera.
Con el paso de los años y habiendo regresado a la ciudad después de un forzado “exilio”, hoy recibo con agrado la posibilidad y oportunidad de escribir como columnista en nuestro periódico insignia. Es todo un orgullo poder cumplir mi sueño de niño.
Asumo esta responsabilidad como un gran reto en mi vida, motivado por este regreso y con el deseo de crear una comunidad de lectores semanales sensibles, para seguir abordando problemáticas de ciudad y dando voz a denuncias sobre abusos y otras injusticias.
Dejo a todos ustedes mi correo electrónico para que me contacten quienes estén interesados que investiguemos, profundicemos y denunciemos sobre temas metropolitanos y de región.
Yo seré su voz desde Vanguardia.











