La crisis sanitaria que enfrentamos fue, sin duda, uno de los desafíos más complejos de nuestros tiempos.
Han transcurrido cinco años desde que el COVID-19 dejó al descubierto tanto las fortalezas como las profundas vulnerabilidades de los sistemas de salud a nivel global. Mientras algunos países improvisaron con urgencia, otros demostraron estar mejor preparados. Hoy, con la perspectiva que da el tiempo, resulta inevitable preguntarnos: ¿realmente aprendimos la lección? ¿Estamos preparados para enfrentar una nueva pandemia o, simplemente, elegimos olvidar y continuar?
La crisis sanitaria que enfrentamos fue, sin duda, uno de los desafíos más complejos de nuestros tiempos. Sin embargo, la memoria colectiva es frágil. La vida ha retomado su curso, el miedo se ha disipado y, con él, también parece desvanecerse el sentido de urgencia. Lo inquietante es que una próxima pandemia podría sorprendernos de nuevo, quizá con consecuencias aún más graves si no actuamos adecuadamente desde ahora.
En este contexto, la reciente aprobación del primer acuerdo internacional sobre pandemias por parte de la Asamblea Mundial de la Salud marca un punto de inflexión. Impulsado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), este pacto establece compromisos fundamentales para fortalecer la preparación global: desde el intercambio de datos genéticos de patógenos hasta la creación de una red de suministros médicos, pasando por el acceso equitativo a vacunas, diagnósticos y tratamientos.
Se trata de un avance necesario y oportuno, aunque su verdadero impacto dependerá de su implementación. Se requieren recursos sostenibles, planes de acción claros y una respuesta coordinada.
Vale la pena recordar a países que no improvisaron, sino que eligieron prepararse. Un año antes de la pandemia, tuvimos la oportunidad de visitar un hospital universitario en Daejeon, Corea del Sur. Lo que encontramos nos sorprendió: una unidad de 20 camas completamente equipada y sin pacientes. Para muchos, donde los hospitales funcionan al límite de su capacidad instalada, podría parecer un desperdicio, pero lejos de eso, era una muestra consciente y clara de preparación.
En 2015, Corea vivió el brote de MERS (Síndrome Respiratorio de Oriente Medio), una enfermedad viral que expuso múltiples debilidades. A partir de esa experiencia, el país decidió realizar grandes inversiones en infraestructura, desarrollaron sistemas de vigilancia epidemiológica y fortalecieron su capacidad de respuesta.
De esta manera, cuando llegó la pandemia en 2020, Corea no tuvo que cerrar completamente su economía, incluso mantuvo una de las tasas de mortalidad más bajas a nivel mundial.
Esa experiencia nos deja una lección: prepararse requiere el compromiso de todos los actores. Es fundamental aprender de quienes lo hicieron bien.
Desde el Hospital Internacional de Colombia hicimos un esfuerzo maratónico que nos permitió ver de qué somos capaces: atendimos a miles de pacientes, reorganizamos nuestras áreas hospitalarias y entrenamos a nuestros profesionales.
Es incierto cuándo llegará una próxima pandemia, pero de lo que sí estamos seguros es que la preparación marcará la diferencia, no solo como hospital, sino también como ciudadanos, en nuestros hogares y comunidades. ¿Estamos listos para actuar mejor o dejaremos que la historia nos vuelva a sorprender?












