Por regla general de la vida, es más lo que ignoramos que lo que somos capaces de aprender, pero siempre valdrá la pena descubrir algo que nos invite a crecer como personas.
Compartir algo con alguien fue quizá -desde los orígenes de la humanidad- uno de los primeros actos que dieron sentido a la civilización. Y es que compartir es una acción cuyo significado va más allá del ‘objeto’ compartido. Compartir es la intención materializada de reconocer al otro; es una iniciativa que hace emanar, tanto en el que da, como en quien recibe, una nueva realidad. Me refiero al mejor de los casos; cuando lo que se comparte lleva consigo una carga de bondad, servicio, auxilio e incluso algo tan humano como una alegría o una tristeza. Sin embargo, compartir también implica su antítesis, su opuesto: compartir lo que resta, lo que mata, lo que maltrata. Compartir lo que destruye.
Es impreciso saber por qué se normalizó decir que en Santander la gente es “envidiosa”. Es necesario aclarar que el sentimiento de envidia, ese que no permite compartir, es un asunto universal. Podemos esforzarnos para entender la verdadera causa de esa afirmación sobre la gente de la región y trabajar por cambiarla, posibilitando con hechos, y no solo con palabras, una apreciación diferente sobre nosotros mismos.
Por regla general de la vida, es más lo que ignoramos que lo que somos capaces de aprender, pero siempre valdrá la pena descubrir algo que nos invite a crecer como personas; algo que detone en nuestro ser ese deseo de compartir; eso sí, cada uno lo hará desde sus posibilidades, a su manera y siendo fiel a su estilo. Como, por ejemplo, compartir una taza de café.
Hace poco descubrí que Santander es pionero en el cultivo y comercialización del café. Sí, antes de existir el denominado “eje cafetero”, que conforman varios departamentos de Colombia, Santander inició la producción de este maravilloso fruto desde 1730. Hoy los caficultores santandereanos están de regreso con cafés de procesos y variedades especiales, “de origen” y gourmet. Esta nueva ola de entusiasmo por el café, que se publicita desde perfiles virtuales y establecimientos comerciales de cualquier ciudad de Colombia, no desplazará al tradicional “tinto” con el que generaciones de colombianos crecieron y seguirán compartiendo gratos momentos, gracias a quienes lo comercializan, en esta sencilla presentación, en cualquier calle, parque y esquina.
El viernes 27 de junio, La Casa del Libro, ubicada en el casco antiguo de Bucaramanga, compartió otro inolvidable momento de cultura. Se trató de la primer coffee party con entrada libre y gratuita en la historia de la ciudad. La marca Café para pecadores organizó esta “fiesta de café” en la que personas de todas las edades disfrutaron esta bebida al ritmo de la música electrónica. Compartir café, compartir cultura y, sobre todo, apostarle a compartir con cada uno lo mejor de sí.












