Una medida arancelaria tomada en Washington puede convertirse en una oportunidad sin precedentes para Colombia y, en particular, para Santander. El gobierno de Estados Unidos impuso un arancel del 50% al café brasileño –nuestro principal competidor en ese mercado– mientras que el grano colombiano conserva su acceso preferencial, protegido por acuerdos comerciales fruto de décadas de esfuerzo diplomático y del trabajo constante de nuestros caficultores.
El impacto es enorme: se calcula que Colombia podría aumentar sus exportaciones en más de 1.200 millones de dólares anuales. Y aunque esta cifra es nacional, en regiones como Santander el efecto puede ser profundamente transformador. Nuestro departamento ya mostraba dinamismo en el primer trimestre de 2025, cuando las exportaciones crecieron un 84 %. Sin embargo, no podemos olvidar que en los últimos años las ventas externas de café santandereano venían cayendo, en parte por falta de competitividad y necesidad de modernizar procesos. Esta coyuntura nos da la posibilidad de revertir esa tendencia y retomar liderazgo.
Santander ha hecho de la calidad su sello. El Café de Santander, promovido por la Federación de Cafeteros, se distingue por sus notas achocolatadas, su acidez balanceada y su aroma profundo, atributos que han conquistado paladares exigentes en el exterior. Hoy, cuando el mercado estadounidense abre una ventana de ventaja competitiva, debemos redoblar la apuesta: producir con sostenibilidad, invertir en valor agregado y reforzar las marcas regionales que llevan con orgullo nuestro nombre y tradición.
Pero no basta con producir más. Esta coyuntura exige liderazgo institucional y empresarial. Las asociaciones de caficultores, cooperativas, el sector privado y gobiernos locales deben coordinarse para aprovecharla al máximo. Lograrlo significa mejorar vías terciarias, garantizar créditos blandos, invertir en tecnología para cosecha y poscosecha, y abrir nuevos canales de comercialización que posicionen a Santander como referente indiscutible.
El reto es también social: el café en Santander es sustento de miles de familias en provincias como García Rovira, Guanentá y Comunera. Que esta oportunidad se traduzca en ingresos dignos, empleo juvenil en el campo y arraigo rural es una prioridad impostergable. Si lo logramos, estaremos no solo exportando más, sino construyendo futuro en nuestras veredas y renovando la esperanza de nuestras comunidades campesinas.
La historia enseña que las ventajas arancelarias son temporales. Brasil y Vietnam buscarán alternativas, y los mercados internacionales son cambiantes. Por eso, esta no debe verse como una bonanza pasajera, sino como el punto de partida para consolidar al café santandereano en un sitial de prestigio global.
Colombia tiene una ventaja, pero Santander un compromiso: demostrar que con organización, calidad y visión una medida comercial puede convertirse en desarrollo regional. El mundo quiere nuestro café y debemos estar a la altura de ese desafío.












