Santander tiene un motivo para celebrar. La Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA) otorgó a EMPAS la licencia para la construcción de la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales Río de Oro, una de las obras más importantes del área metropolitana de Bucaramanga y quizás el proyecto ambiental más ambicioso que se haya aprobado en la región.
Este no es un anuncio cualquiera. Es la demostración de que nuestra región puede planear en grande y ejecutar proyectos que cambien el rumbo de su desarrollo. Hoy Bucaramanga trata apenas el 8% de sus aguas residuales y Girón menos del 1%. Con la nueva PTAR, ambas ciudades llegarán al 100% de tratamiento, un salto gigantesco que beneficiará directamente a más de un millón de habitantes. La contaminación que llega desde aquí a los ríos Lebrija y Magdalena será cero. Eso significa salud pública, seguridad hídrica y un impacto ambiental positivo de escala nacional, además de recuperar la dignidad de nuestras fuentes de agua.
El Río de Oro, tantas veces símbolo de abandono y de aguas negras, será la columna vertebral de un proyecto que representa ingeniería, inversión y, sobre todo, visión de futuro. La infraestructura incluye más de 25 kilómetros de colectores e interceptores que conducirán las aguas residuales hasta la planta, con tecnología de punta para procesar un caudal de más de 2 metros cúbicos por segundo. Pero lo más importante no es el dato técnico: es el mensaje político. Santander puede liderar la agenda ambiental de Colombia y convertirse en ejemplo de sostenibilidad para otras regiones que enfrentan los mismos retos.
La licencia ambiental es un logro enorme, pero es apenas el primer paso. Ahora debemos asegurar la viabilización financiera ante el Ministerio de Vivienda y garantizar que los recursos fluyan para que la obra se construya en el menor tiempo posible. Es el momento de que alcaldes, gobernación, congresistas y entidades de control trabajen juntos, sin mezquindades ni cálculos políticos. No podemos permitir que este proyecto se estanque en trámites o en peleas estériles.
La PTAR Río de Oro es más que una planta: es un símbolo de que el Estado puede cumplir, de que lo público puede transformarse en orgullo ciudadano. Representa la oportunidad de darle un respiro a nuestra tierra, de cumplir compromisos con las comunidades aguas abajo y de abrir la puerta a nuevas oportunidades económicas, turísticas y de desarrollo sostenible.
Hoy Santander da un paso histórico: con la licencia de la PTAR Río de Oro dejamos de soñar y empezamos a cumplirle al río y a la gente. Felicitaciones a César Camilo Hernández y a todo el equipo de EMPAS por liderar este proyecto que marcará el futuro ambiental y económico de nuestra región.












