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Domingo 21 de septiembre de 2025 - 01:00 AM

¿Otro elefante blanco?

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La PTAR de San Silvestre es uno de los proyectos mas importantes que esperan ansiosamente los habitantes de Barrancabermeja, es una de las obras mas importantes del plan de Saneamiento Hídrico para descontaminar la ciénaga Miramar y los afluentes que los afectan. Lamentablemente, el paso del tiempo y la falta de gestión administrativa tanto de las autoridades competentes como de la entidad contratante podrían convertir el proyecto en uno de los elefantes blancos más costosos de nuestra región: cerca de $180.000 millones y contando.

La ciudad industrial más importante del departamento, que cuenta con la refinería de petróleo más grande del país, sigue sin una PTAR funcional para sus más de 200.000 habitantes. En este sentido, la ciudad viven en un evidente atraso, sin soluciones cercanas.

Desde septiembre de 2016, Aguas de Barrancabermeja suscribió el contrato correspondiente para la construcción de tan anhelada obra. En ese entonces se proyectó una ejecución de 48 meses, con un presupuesto oficial contemplado en $115.000 millones, que incluía recursos de Ecopetrol, del municipio de Barrancabermeja y recursos del Sistema General de Regalías. Nueve años después, el proyecto continúa empantanado, con posibles irregularidades contractuales, problemas con el actual contratista, deudas por más de $20.000 millones con proveedores y empleados, deficiencias en la planeación, poco interés y voluntad de parte de las entidades competentes para sacarlo adelante y consolidar, por fin, la estrategia planteada en al Plan de Saneamiento Hídrico.

Además de las posibles irregularidades y problemas de fondo que presentan el contrato de obra e interventoría, hay dos hechos que, aún si la PTAR estuviera lista para operar mañana, dificultarían su funcionamiento: primero, los colectores que recogen aguas residuales de la ciudad. Algunos no están construidos y los que sí lo están no se encuentran interconectados. A la fecha, su estabilidad podría haberse visto afectada, pues el paso del tiempo y la falta de uso pudieron deteriorar su infraestructura de manera considerable.

La segunda situación pendiente corresponde a la construcción de los emisarios que entregarían el agua tratada. Estos deben tener un caudal de 720 litros por segundo, pero hasta ahora sólo cuentan con el permiso de la CAS para un caudal de 17 litros por segundo. ¿Por qué?, ¿Y el resto del caudal?

Muchas dudas y pocas respuestas: ¿cuándo se entregará la obra?, ¿cuántos recursos adicionales se necesitarán para sacar adelante el proyecto?, ¿qué acciones han tomado los aportantes para garantizar la correcta ejecución de sus recursos?, ¿y la planeación?, ¿que han hecho los entes de control?, ¿y las sanciones?, ¿será esta otra obra inconclusa que engrose la ya extensa lista de elefantes blancos en Santander?, ¿hay solución a la vista?, ¿a quién le importa realmente el proyecto? ¿Hasta cuándo?

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